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jueves, 27 de mayo de 2010

Las ciudades más felices del mundo (Galería de imágenes)

Se trata de un estudio de la revista Forbes que incluye ciudades de Brasil, Australia y , aunque no lo crea, la Argentina.


Un estudio difundido por la revista Forbes en 2009 mostró que Río de Janeiro, Sidney y Barcelona son las tres ciudades más felices del mundo, seguidas de Amsterdam, Melbourne y Madrid.
Esta lista elaborada por el consultor Simon Anholt y la compañía de investigación de mercados GfK Custom Research North America han dejado atrás a otras metropolis como San Francisco, Roma o París.
Las claves que han marcado este ranking han sido, las seductoras bailarinas y el paisaje en el caso de Río de Janeiro; mientras que Barcelona se ha destacado por la cultura y “uno de los mejores equipos de fútbol del mundo“. Por su parte, Madrid, que ocupó la sexta ubicación, se destaca por una “vibrante cultura y elevado nivel de vida“.
Barcelona ha sido clasificada como “la clásica ciudad del Mediterráneo”, y destaca, además de su belleza, las oportunidades que ofrece para vivir y para hacer negocios así como la calidad del Barça.
Una de las sorpresas ha sido la ventaja que España le ha sacado a Italia superando en felicidad. El informe sostiene que las ciudades del Mediterráneo y de América Latina son más festivas, es el caso de Buenos Aires que ocupa el puesto 10.
El Top 10, en imágenes:

1-Río de Janeiro


2-Sidney


3-Barcelona


4-Ámsterdam


5-Melbourne


6-Madrid


7-San Francisco


8-Roma


9-París


10-Buenos Aires


lunes, 17 de mayo de 2010

Hiroshima, 65 años después de la bomba atómica


Más de un millón de personas habitan esta nueva y moderna ciudad japonesa. Sus amplias avenidas, modernos edificios y centros comerciales hacen de la Hiroshima de hoy una ciudad actualizada.

En 1945 Hiroshima, ubicada en la isla más grande de Japón, tenía solo 7 millas de su sueperficie completamente pobladas, sin separación entre las diversas zonas comerciales, industriales y residenciales. Hiroshima era una ciudad de gran importancia militar. Tenía el segundo cuartel de la armada japonesa, que dirigía la defensa de la parte sur de Japón, y era el centro de comunicaciones, punto de almacenamiento y área de agrupamiento para las tropas militares.

La población de Hiroshima había alcanzado su pico de 380.000 habitantes a principios de la guerra, pero para agosto de 1945, antes del ataque, su población se estimaba en 255.000 personas, ya que muchos de sus habitantes habían sido redistribuidos por el gobierno japonés.



La primera bomba nuclear, conocida como “Little Boy”, detonó en el aire a 600 metros sobre la ciudad de Hiroshima. Aproximadamente 66.000 personas (hombres, mujeres, ancianos y niños) murieron instantáneamente a causa de los efectos de una sola bomba y 69.000 quedaron heridos. Muchos de estos heridos murieron en las horas, días y semanas siguientes. La ciudad quedó devastada.


65 años después, la historia es otra. Actualmente, más de un millón de personas habitan esta nueva y moderna ciudad. Sus amplias avenidas, modernos edificios y centros comerciales, extensas áreas pobladas de residencias y comercios, parques y jardines, hacen de la Hiroshima de hoy una ciudad hermosa y actualizada, en donde se encuentra una mezcla de comodidad urbana en un ambiente natural.


Además de moderna, Hiroshima es también una ciudad industrial en donde se realiza parte de la producción de automóviles y barcos de Japón. Corporaciones como la Mazda tienen sus fábricas en esta ciudad. Las industrias manufacturera, farmacéutica y agrícola también han encontrado en Hiroshima una ciudad apropiada para crecer y desarrollarse.


Quizás parte del éxito comercial de Hiroshima, además de su gente y su ubicación, se deba a que posee un sistema de transporte muy eficiente y avanzado. Autopistas, aeropuertos, puertos marítimos y un buen sistema ferroviario permiten que esta ciudad sea un centro de distribución doméstico e internacional en Japón.


Por otro lado, Hiroshima ofrece gran variedad de teatros, salas de música, restaurantes, bares y clubes nocturnos. Culturalmente, los museos están a la orden del día. Los hay de arte moderno y contemporáneo, de historia, ciencias, artes tradicionales japonesas y mucho más.


Para los deportistas, en Hiroshima hay mucho que descubrir, pues existen modernos complejos para practicar el esquí en nieve, novedosas facilidades para practicar deportes marinos y, por supuesto, grandes y hermosas canchas de golf.


Los habitantes de Hiroshima viven con todas las comodidades de la vida moderna y trabajan arduamente en el desarrollo de nuevas y avanzadas tecnologías para el futuro, en áreas como biotecnología, nanotecnología, informática, telecomunicaciones y manufactura.

domingo, 9 de mayo de 2010

Catedral de Notre Dame

La Catedral de Notre-Dame de París (Cathédrale Notre-Dame), situada en el IV distrito, es una de las catedrales francesas más antiguas de estilo gótico, se empezó a construir en el año 1163 y se terminó en el año 1345. Dedicada a María, Madre de Jesucristo (de ahí el nombre Notre-Dame, Nuestra Señora), se sitúa en la pequeña Isla de la Cité en París, Francia, la cual está rodeada por las aguas del río Sena.


La catedral surge íntimamente ligada a la idea del esplendor gótico, a efecto claro de las necesidades y aspiraciones de la sociedad de la época, a un nuevo enfoque de la catedral como edificio de contacto y ascenso espiritual. La arquitectura gótica es un instrumento poderoso en el seno de una sociedad que ve, en el inicio del siglo XI, transformarse la vida urbana a un ritmo acelerado. La ciudad resurge con una extrema importancia en el campo político, en el campo económico (espejo de las crecientes relaciones comerciales), ascendiendo también, por su lado, la burguesía adinerada y la influencia del clero urbano.


El resultado de esto es una sustitución también de las necesidades de construcción religiosa fuera de las ciudades, en las comunidades monárquicas rurales, por el nuevo símbolo de la prosperidad urbana, la catedral gótica. Y como repuesta a la búsqueda de una nueva dignidad creciente en el seno de Francia, surge la Catedral de Nôtre-Dame de París.


Destaca particularmente su magnífico órgano Cavaille-Coll, siendo la plaza de organista titular de Notre-Dame uno de los más altos honores a los que puede aspirar un organista. Esta plaza fue ocupada por el genial organista y compositor francés Louis Vierne entre los años 1900 y 1937, época que se recuerda como la del mayor esplendor de la Catedral como centro artístico y musical.


El proceso de construcción y reformas posteriores

Pese a la poca calidad constructiva del subsuelo, esta ubicación posee un sólido historial dedicado al culto religioso. Los celtas habían celebrado aquí sus ceremonias donde, más tarde, los romanos erigirían un templo de devoción al dios Júpiter. También en este local existió la primera iglesia cristiana en París, la Basílica de Saint-Etienne, proyectada por Childeberto I alrededor del 528 d. C. En sustitución de esta obra surge una iglesia románica que permanecerá hasta 1163, cuando comienza la construcción de la catedral actual.

Ya en 1160, y en resultado del ascenso centralizador de París, el Obispo Maurice de Sully considera la presente iglesia (de San Esteban) poco digna de los nuevos valores y la manda demoler. El gótico inicial, con sus innovaciones técnicas que permiten formas hasta entonces imposibles, es la respuesta a la demanda de un nuevo concepto de prestigio en el dominio citadino. Durante el reinado de Luis VII, y bajo su apoyo, este proyecto es bendecido financieramente por todas las clases sociales con interés en la creación del símbolo de su nuevo poder. Así, y teniendo en cuenta la grandeza del proyecto, el programa siguió velozmente y sin interrupciones que pudieran ocurrir por falta de medios económicos (algo común, en la época, en construcciones de gran envergadura).


La construcción se inicia en 1163 reflejando algunos trazos conductores de la abadía de Saint Denis, subsistiendo aún dudas en cuanto a la identidad de quien habría «colocado» la primera piedra, el Obispo Maurice de Sully o el Papa Alejandro III. A lo largo del proceso (la construcción, incluyendo modificaciones, duró hasta mediados del siglo XIV) fueron varios los arquitectos que participaron en el proyecto, esclareciendo este factor las diferencias estilísticas presentes en el edificio.

En 1182 el coro ya prestaba servicios religiosos y, durante la transición entre los siglos, está la nave terminada. Al inicio del siglo XIII arrancan las obras de la fachada oeste con sus dos torres, extendiéndose a mediados del mismo siglo. Los brazos del transepto (de orientación norte-sur) son trabajados de 1250 a 1267 con supervisión de Jean de Chelles y Pierre de Montreuil. Simultáneamente se levantan otras catedrales a su alrededor en un estilo más avanzado dentro del gótico; la Catedral de Chartres, la Catedral de Reims y la Catedral de Amiens.

La catedral fue restaurada por Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste-Antoine Lassus (1846), aunque Lassus muere y Viollet toma el mando. Entre las modificaciones que se hicieron están: la inserción de gabletes en las ventanas, el rosetón sur es inventado por él, cambia la piedra de los arbotantes por piedra nueva, reconstruye todas las capillas interiores y altares, en la fachada, coloca estatuas nuevas en la Galería de los Reyes y como faltan algunas cabezas en estatuas las copia de catedrales cercanas (incluso hay algunas que son retrato de Viollet). Además de todo esto planeó un aislamiento de la catedral arrasando con todos los edificios de los alrededores.

Funciones de la catedral

La catedral fue, a finales del siglo XVII, durante el reinado de Luis XIV, escenario de alteraciones sustanciales principalmente en la zona este, en la que túmulos y vidrieras fueron destruidas para sustituir por elementos más al gusto del estilo artístico de la época, el Barroco. Así, entre 1630 y 1707, el gremio de orfebres de París encargó un cuadro al año, a artistas como Laurent de La Hyre y Sébastien Bourdon. Se reunieron 77 pinturas de gran formato, que luego se dispersaron. En fecha más reciente, regresó al templo una docena de dichas obras.


En 1793, durante la Revolución francesa y bajo el culto a la razón, más elementos de la catedral fueron destruidos y muchos de sus tesoros robados, acabando el espacio en sí por servir de almacén para alimentos.


Con el florecer de la época romántica, la catedral se ve con otros ojos y la filosofía se vuelca hacia el pasado, enalteciendo y mistificando en un aura poética y etérea la historia de otras épocas y su expresión artística.


Bajo esta nueva luz del pensamiento se inicia un programa de restauración de la catedral en 1844, liderado por los arquitectos Eugène Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste-Antoine Lassus, que se extendió por veintitrés años.
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En 1871, con el corto ascenso de la Comuna de París, la catedral se vuelve nuevamente telón de fondo a las turbulencias sociales, durante las cuales se cree haber sido casi incendiada.


En 1965, como consecuencia de excavaciones para la construcción de un parking subterráneo en la plaza de la catedral, fueron descubiertas catacumbas que revelaron ruinas romanas, de la catedral merovingia del siglo VI y de habitaciones medievales. Ya más próximo a la actualidad, en 1991, fue iniciado otro proyecto de restauración y mantenimiento de la catedral que fue previsto para que durase diez años.


La literatura y la fama

Durante el espíritu del Romanticismo, Víctor Hugo, escribió, en 1831, el romance Nuestra Señora de París. Situando los acontecimientos en la catedral durante la Edad Media, la historia trata de Quasimodo, que se enamora de una gitana de nombre Esmeralda. La ilustración poética del monumento abre puertas a un nuevo deseo de conocimiento de la arquitectura del pasado y, principalmente, de la Catedral de Notre-Dame de París.

"Y la catedral no era sólo su compañera, era el universo; mejor dicho, era la Naturaleza en sí misma. Él nunca soñó que había otros setos que las vidrieras en continua floración; otra sombra que la del follaje de piedra siempre en ciernes, lleno de pájaros en los matorrales de los capiteles sajones; otras montañas que las colosales torres de la iglesia; u otros océanos que París rugiendo bajo sus pies."

Víctor Hugo, Nuestra Señora de París, 1831.



Momentos importantes en la catedral

* 1431 — Coronación de Enrique VI de Inglaterra durante la Guerra de los Cien Años.
* 1804 — Coronación, el 2 de diciembre de Napoleón Bonaparte, emperador de Francia y su mujer Josefina de Beauharnais, emperatriz, en presencia del Papa Pío VII.
* 1900 — El organista y compositor francés Louis Vierne gana la plaza de organista titular tras una dura competición contra los 500 mejores organistas de su época.
* 1909 — Beatificación de Juana de Arco.
* 1937 — Fallece Louis Vierne durante la interpretación de su recital de órgano número 1750.
* 1980 — El Papa Juan Pablo II celebra misa en la plaza Parvis.

La Catedral

Existe aún en esta catedral una dualidad de influencias estilísticas: por un lado, reminiscencias del románico normando, con su fuerte y compacta unidad, por otro lado, el ya innovador aprovechamiento de las evoluciones arquitectónicas del gótico, que confieren al edificio una ligereza y aparente facilidad en la construcción vertical y en el soporte del peso de su estructura (siendo el esqueleto de soporte estructural visible sólo desde el exterior).

La planta está demarcada por la formación en cruz romana orientada a Occidente, de eje longitudinal acentuado, y no es perceptible desde el exterior. La cruz está «incrustada» en el edificio, envuelta por un doble deambulatorio, que circula por el coro en la cabecera (al este) y se prolonga paralelamente a la nave, dando lugar, así, a cuatro naves laterales.



La fachada occidental

Ésta es la fachada principal y no sólo la de mayor impacto y monumentalidad, también la de mayor popularidad.


Se puede establecer una afinidad en la composición y trazos generales con la fachada de la abadía de Saint-Denis, una derivación de la fachada del románico normando.


La fachada presenta un conjunto proporcional, una orden de trazado coherente, de construcción racional, reduciendo sus elementos a lo esencial, no siendo, tal vez por eso, influenciada por otros arquitectos contemporáneos del gótico. Aquí se optó por una pared «plástica» que interconecta todos sus elementos y pasa a integrar también la escultura en lugares predefinidos, evitando que crezca espontánea y aleatoriamente como ocurría en el románico.
Quimeras en la fachada de la Catedral de Notre-Dame.


La fachada presenta tres niveles horizontales y está dividida en tres zonas verticales por los contrafuertes ligeramente prominentes que unen en verticalidad los dos pisos inferiores y refuerzan los picos de las dos torres.


Las torres tienen 69 metros de altura. La torre sur contiene la famosa campana Emmanuel. Puede visitarse, pasando por la galería de las quimeras.

sábado, 8 de mayo de 2010

Machu Picchu: recorramos juntos el Camino del Inka

¿Qué palabra simple y precisa inventar para hablar de Machu Picchu? De esa raíz profunda del ser y quimera. De esa mano humana que fue forjando la vista y la forma. De ese espacio sin fronteras y sin tiempos. Hagamos ese viaje, de sueños y ensueño, visitemos el corazón del mundo inka con imágenes y dicciones.

Machu Picchu, una de las maravillas del mundo que encarna una presencia escrita en varios capítulos del pasado, en un libro planetario que se va garabateando permanentemente.


Fue un sitio religioso levantado durante el imperio inkaico, donde vivían algunos nobles junto a los Curacas (sacerdotes inkas) y las mujeres más hermosas de Cuzco (capital del imperio). El templo albergaba alrededor de 200 personas, que tenían el fin de ofrendar cultos a sus dioses y estudiar el movimiento estelar, sobre todo del sol.

La construcción de Machu Picchu fue encomendada por el noveno emperador inka Pachaquteq, el máximo prócer de Perú y su obra se prolongó por 120 años desde la primera hasta la última piedra.

Por fortuna, en el presente ese recinto aún sigue absorbiendo el brillo solar y resplandeciendo en la húmeda selva. Es impoluto, magnífico, increíble, junto con otras adjetivaciones que pueden figurar tal edificación, que sin dudas posee en sus entrañas pedregosas, una mística y energía que se siente al rozar cada pared, columna, adobe, vertiente o abstracción rocosa que decora el paisaje.

El sagrado santuario se encubre detrás de un arduo sendero empedrado por los inkas que era la antigua vía por la cual se podía llegar a Machu Picchu.


Sus 40 kilómetros de extensión y cuatro días de andanza, transportan por lugares inéditos.
Primeramente, contorneando el robusto río Urubamba, siempre caudaloso y furioso protector de la delicada verde flora. Luego un ascenso de escalón por escalón, que se traducen en horas y horas de elevación y apunamiento corporal, recorriendo las encumbradas montañas hasta una cima de 4.215 metros. Después zigzaguear las sierras con abismos a los costados, penetrando la perspectiva selvática y envueltos por densas nubes, mientras se desciende por cascadas, cuevas y ruinas a medida que avanza la tarde.


El último día es el premio al esfuerzo. El reconocimiento luego del desafío del inka. Pero antes de llegar a tierra prometida, los antepasados nos detienen en las Puertas del Sol, el arcaico ingreso al recinto, para poder admirar un panorama sin igual, con el amanecer y Machu Picchu entrelazándose para ser uno sólo. En tanto un inmenso rostro inka se posa en el relieve con una firme mirada al cielo y negándose a abandonar su morada. Posterior al acceso principal, nos queda la recta final mientras se atraviesa un bosque de radiantes orquídeas.


Una vez sitiados en el santuario, sólo las nubes se dejan observar, como si Machu Picchu se ocultara del tiempo y los extraños.


Pero luego el sol se apiada y en un abrir y cerrar de ojos, la nubosidad se desarma para dejar apreciar la divinidad y perfección. La comarca se carga de una belleza con distinción. El verde se unifica con las piedras en una orgía natural, derrochando una esencia mítica que se respira, con un río Urubamba que ruge para ser el idioma del templo, vigilada por el monte Wayna Picchu que desde lo alto observa y custodia de los colonos la fortaleza energética, que se canaliza por vibraciones que se absorben con cada éxtasis provocado por esa orbe, exenta de la jungla de concreto que habitamos.


Ese mágico territorio nos promete emoción, renovación, armonía y sobre todo paz.


Apartando todo show mediático y turístico, Machu Picchu se colma de una mística propia que los seres del pasado supieron manifestar y que se perpetúa en la histórica, para hoy ser leyenda y mañana un mito.


Infaliblemente visitarlo es un hecho superlativo y desde ya recomendable, siempre que se pueda y antes de que la corrompan en una mina, para enriquecerse con la historia y cargar la memoria y el alma con la maravilla que nos ha legado el Dios Sol.

 

Red Amigos del Mundo Virtual