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viernes, 27 de abril de 2012

Guía para disfrutar del Delta

Si bien todo el año es bueno para visitar las islas formadas por el depósito aluvial del río Paraná que se encuentran en los partidos de San Fernando, Tigre y Escobar, marzo y abril constituyen una de las mejores épocas porque el calor disminuye notablemente en relación con diciembre, enero y febrero, y con él se van también los molestos mosquitos. Los días aún siguen siendo largos: entre el alba y el ocaso median unas 11 horas y 43 minutos y 13 horas y 50 minutos. Suficiente tiempo para hacer muchas cosas. ¿Pero cuáles?





Durante años, el Delta solo era destino de aventureros, acampantes, pescadores de medianos recursos o simplemente gente que buscaba descansar unos días sin muchas pretensiones más que contemplar otro paisaje. Últimamente, el panorama es mucho más completo: sin abandonar a sus cultores tradicionales, ha sumado otras prácticas, como cabalgatas, trekking, bicicleteadas, deportes acuáticos, avistaje de aves y excursiones culturales (museos, clubes isleños, etc.).
Más oferta
De un tiempo a esta parte se ha ampliado notablemente el espectro de los alojamientos, que va desde cabañas sencillas y campings, hasta lujosos establecimientos con jacuzzi, spa o piscina climatizada. Otra opción es el alquiler de una casa sin servicios.
La falta de comodidades ya no es una excusa para pernoctar en las islas. Para solo dormir y desayunar, los costos arrancan desde $ 700 por persona en hoteles y desde $ 450 en cabañas (baja en las casas que se alquilan directamente a sus dueños), siempre por persona.


La gastronomía también avanzó de la mano de la calidad de los alojamientos. Varios cuentan con cocina propia, algunos con especialidades y también existen restaurantes. En un establecimiento del Delta se puede comer por alrededor de $ 70 por persona, digamos entre 50 y 100 (los servicios característicos de un restaurante promedio del Delta tienen el mismo costo que en la ciudad).
Hemos escogido en este informe un buen número de opciones para el turista, poniendo la mirada en puntos a los que se llega por agua, tanto en lanchas colectivas como taxis o propias. La mayor concentración de las dos primeras se encuentra en la terminal fluvial Sarmiento de Tigre. Dos líneas de trenes la comunican con Olivos (estación Maipú del Tren de la Costa) y Buenos Aires (estación Retiro de TBA).
Un remís desde el centro porteño a Tigre cuesta entre $ 120 y 140. La empresa Sturla Viajes posee servicios regulares de lanchas de pasajeros a San Fernando, San Isidro, Olivos y Puerto Madero durante los días hábiles (horarios en www.sturlaviajes.com.ar).


Tomar una lancha colectiva es una experiencia que vale la pena, aunque no tenga la ductilidad de una embarcación alquilada o propia. Un consejo: llegar cinco minutos antes, porque suele ser uno de los transportes más puntuales de nuestro país. El pasaje ida y vuelta ronda entre $ 25 y 60 por persona, dependiendo del destino. Para tener una idea: al Paraná Miní y Canal 4 cuesta $ 54. Al primer tramo del Carapachay, $ 26,50.
Si se escoge viajar en lancha colectiva, también se podrá gozar de las excursiones que realizan diferentes embarcaciones. Son viajes en círculo que retornan al punto de partida luego de recorrer un itinerario determinado. Se trata de lanchas colectivas y catamaranes, por lo general, aunque también existen algunos barcos o yates con excelentes comodidades, en los que pueden pasarse uno o más días a bordo conociendo diferentes puntos del intrincado Delta. El costo promedio de una lancha de excursión es de $ 60 (lanchas de una hora arrancan desde $ 40 y los catamaranes de 2 horas en $ 70)


Los deportes que pueden practicarse vinculados con el ambiente son también muy variados. El remo, actividad netamente relacionada con la historia del Tigre, estuvo por años circunscripto a socios de esos viejos clubes. Actualmente, muchos han abierto la posibilidad a invitados y no asociados en general, brindando algunas clases para entusiasmarlos en este sano pasatiempo. Se organizan también excursiones en botes, kayaks y canoas.
Para estos deportes, así como también para el esquí acuático ywakeboard, existen canchas delimitadas por Prefectura Naval Argentina para evitar accidentes. También hay nautas que organizan salidas para lanchas y cruceros de terceros, y para quienes no tienen embarcación y quieren disfrutar de una caravana de amigos.
La pesca es otro de los entretenimientos que posibilitan estas aguas. Si bien en la Primera Sección de Islas del Tigre está más limitada a causa del intenso movimiento de embarcaciones, ya en la Segunda Sección de Islas, perteneciente a San Fernando, las chances se multiplican, y así a medida que nos alejamos de tierra firme. Por su parte, el vecino Río de la Plata sigue siendo un excelente pesquero de dorados, variada, boga y, con un poco más de frío, descomunales pejerreyes.
Cualquiera sea la actividad, siempre estará acompaña por una flora que tiene como principales protagonistas al sauce, el ceibo, el aliso de río, el coronillo y el espinillo, sobre los cuales crecen epífitas como los claveles del aire y las barbas de viejo. Como palustres en las aguas del río o estancadas crecen el junco y la espadaña. Flotando en las aguas del río y de los bañados abundan las plantas acuáticas, como camalotes y  repollitos de agua. Todo un deleite para los ojos. Y una caricia para el  espíritu.


Iglesias y museos
  • San Fernando: Parroquia El Salvador, Paraná Miní y Chaná. Centro Cultural Isleño Rojas, Arroyo Felicaria.
  • Tigre: Museo D. Sarmiento, río Sarmiento y A. Reyes, 4728-0570. Museo H. Conti, A. Gambado, 15-6848-3668. Casa y cabaña Don Marcos Sastre, A. Gelvez y Espera, 15-3167- 6120. Museo de Arte Tigre, P. Victorica 972, 4512-4528.

Para agendar








lunes, 9 de abril de 2012

Villa La Angostura: La fuerza de la Naturaleza

Los encantos de esta aldea neuquina renacen tras una temporada bajo las cenizas volcánicas. Bellos paisajes, infraestructura de calidad y gastronomía gourmet.



POR SILVINA QUINTANS ESPECIAL PARA CLARIN



Una planta violeta y espigada asoma su silueta sobre un montículo de cenizas. Pocos metros más adelante, sobre las laderas del Cerro Bayo, un manojo colorido de flores se abre paso entre un bosque de lengas. El milagro de la vida se impone, mientras trepamos en una camioneta por las laderas de la montaña, y vemos desde lo alto la sinuosa geografía de los lagos que enmarcan a Villa La Angostura, al oeste de la provincia de Neuquén.

En lo alto del Cerro Bayo se despliega, con la contundencia de siempre, una de las panorámicas más impactantes de la Patagonia: el lago Nahuel Huapi como una serpiente azul, la melena verde de los bosques, las cumbres vaporosas de la Cordillera. La banda de sonido, por esta vez, no tendrá cantos de aves. Se escucha, en cambio, el ruido seco de los martillos golpeando el metal, el chirrido de alguna sierra, y las conversaciones de un grupo de hombres que trabajan con energía, para terminar una gigantesca estación de telecabinas en lo alto del cerro. Pronto el paisaje estará cubierto de nieve, y los esquiadores podrán subir en las flamantes góndolas para descender por las pistas.

Vuelvo la mirada a la planta violeta y espigada que perforó el suelo con sus flores. La parábola puede parecer antigua y trillada, pero es inevitable pensar que la fuerza de la naturaleza y el trabajo del hombre han producido el milagro en Villa La Angostura, como un ave mitológica que renace de sus propias cenizas.

Secretos del bosque

Sobre un recodo del lago Nahuel Huapi, mientras navegamos hacia el Bosque de Arrayanes –parte del Parque Nacional Los Arrayanes, creado en 1971–, la guía señala las riberas vírgenes de la península Quetrihué. La vegetación verde y tupida se multiplica en las orillas transparentes del lago.

La fotógrafa del barco y un marinero discrepan sobre la mejor manera de enfocar a una gaviota. Es una discusión apasionada, divertida, distendida. Inevitable pensar que hace apenas unos meses las preocupaciones en este rincón del mundo esquivaban estas sutilezas. Cuesta imaginar la furia de las montañas sobre un paisaje tan dócil.
El 4 de junio de 2011, cerca de las 16, el día se hizo noche y una tormenta con rayos de colores cubrió el cielo de Villa La Angostura. El paisaje rugía, y una lluvia de piedras calientes se precipitó sobre los techos. El volcán Puyehue escupía arena, piedras y cenizas a sólo 37 kilómetros del pueblo, desde el otro lado de la frontera con Chile. La escena apocalíptica continuó toda la noche, aunque todos los habitantes coinciden en que lo más desolador fue amanecer con todo el paisaje cubierto de gris. Un manto monocromático tapó las calles, las casas, la ruta, los bosques y los lagos, que apenas nueve meses después lucen casi enteramente recuperados.
Difícil pensar en mantos monocromáticos cuando uno entra en el Bosque de Arrayanes, donde reina el canela moteado de los troncos, el blanco de las flores, el verde de las hojas y el morado de los frutos.

“Los extranjeros que llegan sin saber lo que pasó, no nos creen cuando les contamos que vivimos un fenómeno de esa magnitud”, dice la guía, mientras caminamos por la pasarela de 800 metros que recorre el bosque, una maravilla única en el mundo que concentra 12 hectáreas de estos pintorescos árboles, que aquí llegan hasta los 300 o 400 años de antigüedad.

La pasarela se construyó para permitir que el bosque se siga renovando. La guía señala, al costado del camino, unos pastitos que a los ojos inexpertos pueden parecer tréboles, pero que, en realidad, son renovales de arrayán. Junto a estos árboles en potencia, se acumulan las copas de los antiguos arrayanes que buscan la luz y que llegan a medir hasta 18 metros.

Una mujer abraza la corteza fría de un arrayán frente a la primorosa Casita de Té, a pocos metros del muelle. Más allá de la verosimilitud de la historia que cuenta que aquí se inspiró Walt Disney para crear su personaje de Bambi, vale la pena entrar en la cabaña. La calidez del ambiente de paredes y pisos de tronco combina bien con un buen chocolate caliente. 

Un paseo por la Villa

En el centro de la Villa, los canteros están cubiertos de flores, y los negocios abren sus puertas con sus vidrieras cargadas de adornos, chocolates y ropa de invierno. El césped de los jardines de la exclusiva Bahía Manzano reverdece bajo la humedad de los regadores. Son pocas las casas que aún no han sido limpiadas, y es allí donde uno toma conciencia de la dimensión del trabajo de recuperación que se ha hecho. En los techos y terrenos que todavía quedan cubiertos de una capa blanquecina de ceniza, se nota el contraste con el resto de la Villa.

El otro indicio del fenómeno son los montículos de ceniza que se levantan a los costados de algunas calles. Los vecinos los llaman centros intermedios de acopio. Cada uno se ocupa de limpiar su terreno, un camión retira las cenizas y las lleva a estos centros intermedios, desde donde serán trasladadas a su destino definitivo.

Más allá del trabajo de los vecinos, la naturaleza fue haciendo su parte. El viento y la lluvia limpiaron los bosques, los lagos fueron decantando la ceniza, y las plantas se renovaron con más fuerza. Aseguran los pobladores que la primavera se adelantó, y que la vegetación resurgió con colores más intensos.

En el último tiempo, Villa La Angostura ha buscado consolidarse como un destino para familias y visitantes con distintos presupuestos.

“Sabemos que existe el prejuicio de que es un destino para unos pocos, pero se trata de un lugar para todo el mundo, y hay opciones de todos los precios”, afirma Pablo Bruni, coordinador técnico de Turismo y Promoción de la Secretaría de Turismo de Villa La Angostura. Y agrega: “Lo que distingue a nuestra aldea de montaña es la belleza del paisaje y la calidad de los servicios. Los lugares son pequeños refugios con servicios personalizados, donde atienden los dueños o concesionarios directos, que mantienen el trato personal y el cuidado por los detalles”.

Además, para promover la llegada de turistas a la villa, las tarifas en gastronomía y hotelería ofrecen importantes descuentos y promociones. A esto se suma que la Municipalidad provee un servicio de transfer gratuito desde y hacia el aeropuerto de Bariloche para algunos vuelos.

Lagos y ríos

Las obras avanzan por el Camino de los Siete Lagos, aunque todavía quedan algunos kilómetros sin asfaltar en este bellísimo corredor que une San Martín de los Andes con Villa La Angostura. Nos detenemos frente a una pequeña bahía sobre el lago Espejo, que guarda como un tesoro las huellas de la reciente erupción. Desde lo alto, vemos un mapa blanco e irregular dibujado sobre la superficie del agua; una capa esponjosa y movediza que va cambiando de forma. Un breve desvío nos conduce hacia la playa. Las piedritas volcánicas son blancas, y tan livianas que flotan sobre el lago. Si uno introduce la mano, las piedras dan paso al agua transparente que desnuda el fondo arenoso de la orilla.

Recuerdo entonces la foto que me mostró hace apenas unas horas el secretario de Turismo, Marcelo García Leyenda, donde varios chicos ríen, sumergidos en un lago de piedras flotantes. “Cuando saqué esa foto –relataba–, algo cambió para mí, me di cuenta del aspecto positivo de lo que habíamos vivido. El volcán forma parte de la belleza de este lugar, el paisaje se originó en los volcanes. El equilibrio de la naturaleza es impresionante”.

Otro desvío de la ruta de los Siete Lagos nos lleva a otra playa. El Correntoso está planchado. Lejos de hacer honor a su nombre, parece un espejo verde, plácido y quieto. El silencio permite apreciar el salto de una trucha, el zumbido de un insecto, el roce de las hojas de los coihues sobre los troncos finitos e interminables. Una familia pastorea sus animales y un pescador solitario sumerge los pies en el lago.

De regreso, nos detenemos en el río Correntoso. Lo llaman el río más corto del mundo, y no hay razones para desmentirlo. Se trata de una inquieta corriente de agua de apenas 160 metros, que une los lagos Nahuel Huapi y Correntoso. El salto apurado de una trucha confirma que este sigue siendo el lugar favorito de los pescadores.

Atravesamos el río por un puente de madera, y nos encontramos con el verde de las retamas y los frutos colorados de un árbol de rosa mosqueta. Una familia toma mate junto al lago, sobre una playa de arena clara. El atardecer es de una intensidad blanca, neblinosa, refulgente. 

Aventura en kayak

“Andar en kayak es como bucear sin necesidad de meterse en el agua”, asegura Pablo Beheran, mientras rema con entusiasmo por la orilla cristalina del Nahuel Huapi. Dejo mi remo a un lado, y concentro la vista en la imagen hiperbólica de una rama clavada debajo del agua. El lago actúa como una lupa caprichosa y ondulada. El fondo se ve tan cerca y con tanta nitidez, que sumerjo la mano con la ilusión de tocarlo. Pero basta con introducir un dedo, para percatarse de que todo está más lejos de lo que parece.

Avanzamos al ras del agua, por el Brazo Ultima Esperanza del lago Nahuel Huapi, mientras una ordenada fila de macás –aves acuáticas– avanza con aire despreocupado a pocos metros del kayak. Más adelante, cerca del río Correntoso, un pescador estático espera el pique a flote sobre una especie de salvavidas. No muy lejos de allí, Pablo señala el lomo de una trucha arco iris que se menea bajo el agua.
Sobre la orilla distinguimos la figura imponente del Hotel Correntoso, el más antiguo y tradicional de la Villa. Se suceden casas, complejos de cabañas, y una vieja usina eléctrica incrustada en el lago, que hoy está pintada de lila, y fue convertida en vivienda.

Nos detenemos en una playita junto a una cabaña abandonada. Detrás de la cabaña, hay una casona de madera que, según algunas teorías, refugió nada menos que a Adolf Hitler después de la Segunda Guerra Mundial. El mate modera historias de hidroaviones, espías y reuniones secretas. Los perros ladran a lo lejos y terminan de aportar el toque siniestro en este rincón del paraíso. Conviene mirar al otro lado del lago, donde flotan los islotes cubiertos de árboles, y las montañas despliegan sus laderas vírgenes.

De regreso a la calidez de la hostería, quedará tiempo para descubrir en los jardines un arrayán de 600 años cubierto de flores blancas, y para ver el último atardecer detrás de las ventanas, con sus tonos cambiantes encendidos sobre el lago.

domingo, 8 de abril de 2012

Mendoza desde un Citroën

Las ideas, dicen, o la inspiración, vienen a nosotros cuando no las esperamos y cuando menos las estamos buscando. Era aproximadamente el 2002, en Italia, y una pareja que paseaba por las calles de La Toscana en un pequeño coche convertible inspiró a un mendocino a crear Slowkar.





El mendocino es Ramiro Marquesini, de 40 años, que “en otra vida” se recibió de contador, como dice él, pero que hace 15 años trabaja en el mundo del vino.

En Italia estuvo haciendo una maestría en vino y cuando volvió a Mendoza, en 2003, fundó Mattura, una empresa que brinda asesoramiento y otros servicios para bodegas.

Su otra creación, Slowkar, es una propuesta novedosa que une sus amores hacia el vino y hacia los autos y ofrece la posibilidad de recorrer los Caminos del Vino de Mendoza, o cualquier otro paisaje que le resulte atractivo al paseante, a bordo de un Citroën 3CV.

“La idea era un proyecto paralelo a Mattura, mucho más chico que la consultora, y sumado a que me gustan los autos, entonces comencé a comprarlos y restaurarlos”, cuenta Ramiro.

“La empresa la presenté en febrero de este año y la idea era presentar los autos esta Vendimia y empezar a funcionar, a alquilarlos, el año que viene, porque pensé que pasaba como cuando abrís un hotel o algo así, que el cliente siempre es con planes a tres meses, con tiempos más largos”.

Pero el tiempo largo se hizo corto y poco después de la presentación de los autos –son cinco, todos impecables y pintados de diferentes colores– comenzaron a llegar los llamados pidiendo alquilar los autos y Slowkar estaba en marcha, valga la redundancia.

La idea
“A veces la experiencia de conocer Mendoza tiene baches. No tiene sentido venir y andar en un auto que no es de tu agrado. Nosotros proponemos completar una experiencia de hotel espectacular y bodegas espectaculares con moverte en un auto de muchísimo diseño, con menos confort que los autos actuales pero con el lado positivo de la experiencia”, dice el creador.

“No tienen aire acondicionado, pero podés viajar con el techo abierto, es un convertible, y hace vivir el paseo de otra manera completamente distinta”. Cuenta Ramiro también que quienes disfrutan de un paseo en uno de los Citroën vuelven más que satisfechos con el resultado. “A veces me cuentan que en el camino les han querido comprar el auto, es una experiencia porque los autos son muy pintorescos y no podés pasar desapercibido”.

Cómo funciona
Slowkar ofrece, además de los autos, un servicio de conciergerie, una especie de asesoramiento para los turistas que llegan sin un paquete de actividades. Realizan reserva de restoranes, de paseos, visitas a bodegas, entre otras cosas.

“Somos cinco y tenemos el servicio de una persona que se encarga de vos en Mendoza para lo que necesités”, explica Ramiro.

El alquiler de los autos cuesta algo de U$S100 por día, y a partir del los tres días comienza a abaratarse. Por ejemplo, los 3 días cuestan U$S300 y los 4 días U$S330. El alquiler por 8 días cuesta U$S550.

Por contrato, el que se firma en el momento del alquiler, los autos no pueden alejarse más de 120 kilómetros de la capital mendocina.

“El que llega a Mendoza no tiene idea para dónde ir. Nosotros sugerimos lugares amigos, pero no tenemos convenio ni cobramos comisión. Generalmente recomendamos lugares pequeños donde puedan ser protagonistas, no a bodegas industriales con paseos para 200 personas”, cierra.
“Pasión por los 3CV”
El amor por los autos Citroën 3CV, sus techos removibles, sus asientos altos y su forma inconfundible trasciende las fronteras y en miles de ciudades del mundo sus fanáticos se agrupan y se reúnen periódicamente a compartir fotos, experiencias y tips sobre estos particulares autos.

Mendoza no es la excepción y en la web www.citrofans.com.ar encuentran su lugar.

Según ellos mismos cuentan: “CitroFans club Mendoza se creó el 28 de febrero de 2002 en la provincia de Mendoza por un grupo de fanáticos de los simpáticos Citroën, con el fin de pasar buenos momentos y disfrutar de las máquinas”. Todos invitados.







sábado, 7 de abril de 2012

La Antártida, un paraiso para disfrutar

La Antártida ese ese gran desconocido de los continentes de nuestro planeta. No obstante, los turistas que se deciden a visitar los territorios australes franceses y la Antártida en busca de experiéncias únicas que sólo se pueden experimentar en este paraiso natural.




Debido a que el “Sexto continente” no pertenece a ninguna área administrativa el viajero sólo debe disponer de un pasaporte en regla y de la ayuda de alguna de las empresas especializadas para poder desplazarse por la zona, tales como Grand Nord Grand Large. Usted podrá aprovechar la oferta turística para realizar cruceros por las costas de la península del Palmer donde podrá disfrutar de las impresionantes paredes de hielo, cimas e icebergs.





El clima de la Antártida se caracteriza, como bien supondrá, por el frío extremo y, espcialmente, por los vientos australes que se pueden convertir en la perdición de personas no experimentadas sobre el terreno. Las fechas más aconsejables para visitar los archipiélagos son los meses de Diciembre a Marzo en los que el verano permite realizar cruceros organizados por la zona para disfrutar del paisaje y de la fauna.
La fauna de esta zona tan inóspita, pese a que se podría pensar que es mínima, sorprende por la gran variedad existente. Posiblemente los animales que más sorprenden al viajero son los pájaros bobos que se organizan en colonias inmensas que cuentan con un gran número de miembros. La avifauna se completa con los cormoranes imperiales, petreles, pingüinos y los skuas. Raramente podrá disfrutar de la presencia del pingüino emperador.


Debe tener en cuenta que los viajeros que realizan esta experiéncia son unos privilegiados porque los costes del viaje son muy elevados y las fechas para poder realizarlo suelen superar el calendario laboral al uso de la mayoría de los mortales.
Y no debemos olvidar el problema principal del continente austral que se ve afectado directamente por la acción del hombre en los paises desarrollados o en vías de desarrollo que emiten una contanimación excesiva para el planeta provocando el calentamiento global con el deshielo de los polos terráqueos y, por consiguiente, la erosión de los hielos e icebergs que tanta belleza arrojan a la Antártida.



martes, 3 de abril de 2012

Abren el puente colgante más alto del mundo

El pueblo chino fue capaz de construir la Gran Muralla, que es la única creación humana que se puede ver desde la Luna, por lo que no debería sorprender que en ese país estén a punto de inaugurar el puente colgante más alto y largo del mundo.




El pueblo chino fue capaz de construir la Gran Muralla, que es la única creación humana que se puede ver desde la Luna, por lo que no debería sorprender que en ese país estén a punto de inaugurar el puente colgante más alto y largo del mundo.

Todavía hay cientos de obreros trabajando en el proyecto del puente colgante Anzhaite, que está emplazado en Jishou, provincia de Hunan. La construcción comenzó en octubre de 2007, con el objetivo de aliviar el tránsito de la región, informó el sitio inglés Daily Mail.

El puente Anzhaite mide 335,88 metros de alto y 1.176 de largo, y para ilumniarlo de noche hacen falta cerca de 1.888 focos de luz, lo que genera una imagen digna de ser la continuación de la Gran Muralla, pero en el siglo XXI.

La intención de las autoridades de Hunan fue conectar dos montañas de forma directa, sin tener que descende al valle por caminos serpenteantes y poco confiables. Además de carriles para los vehículos, la construcción cuenta con una pasarela para peatones.

Se calcula que sólo la base del puente tiene 23 metros de ancho, pero no hay mucho mérito en eso. De hecho, el puente es parte de una obra de ingeniería civil más grande, la autopista Jishou - Chadong, que unirá la región en 64 kilómetros, con 18 túneles.






Red Amigos del Mundo Virtual