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jueves, 26 de septiembre de 2013

Viajar sin pasar por el hotel

El sueño de ganar dinero mientras uno está de vacaciones ahora también es posible en nuestro país. La comunidad global Airbnb acaba de lanzar en Argentina una plataforma online de servicios de reserva de alojamiento.


Por Cynthia De Simone. Diario PERFIL

La novedosa propuesta permite que una persona que tenga un espacio libre en su casa o departamento pueda alquilarlo cuando se va de viaje (o incluso si vive allí) y a su vez contactarse con usuarios que quieran aprovechar esta oportunidad y ahorrar hasta un 50 por ciento de dinero en estadías de negocio o placer.
La iniciativa surgió hace cinco años en San Francisco, California, y hoy conecta a los interesados en más de 33 mil ciudades de 192 países. “Estamos orgullosos de poder presentar en forma oficial el servicio de Airbnb en Argentina“, señaló Kay Khuene, director regional para España y Latinoamérica. “Sabemos el interés que los argentinos tiene en conocer, viajar y ser parte de esta experiencia única“.
Basado en el modelo de negocio de consumo colaborativo, Airbnb busca el beneficio económico de las personas al posibilitar al anfitrión obtener un ingreso adicional por el alquiler de sus espacios extras.
Con esta modalidad se puede alquilar desde un departamento por noche hasta un castillo por semana. También conseguir alojamiento en barcos, aviones, islas y hasta la copa de un árbol.
El sistema es práctico y sencillo: luego de ingresar al sitio de http://es.airbnb.com, se elige el destino, la fecha del viaje y el número total de personas. A continuación, aparece un listado con los resultados y cuando usuario (guest) demuestra interés por alguno, éste podrá contactarse con el anfitrión para hacer la reserva.
El pago es únicamente online y con tarjeta de crédito, y la publicación del anuncio de alquiler es totalmente gratis. Una vez concretada la operación, el host deberá pagar un 3 por ciento de comisión sobre el monto total del alquiler, y el viajero abona entre 6 y 12 por ciento según el valor de la propiedad en cuestión.
Para que esa operación sea totalmente segura, Airbnb adoptó más de cuarenta medidas, entre las que se destacan la verificación de documentos y pasaporte online, evaluación sobre el anfitrión y el viajero mediante reseñas después de cada viaje, perfiles integrados a Facebook, un servicio gratuito de fotógrafos profesionales que van a la casa del host a tomar imágenes y chequear la información de la vivienda.
Las redes sociales están cambiando la manera en que vivimos nuestros viajes“, concluyó el director regional Key Keuhne. En Argentina hay unas 4 mil propiedades en alquiler, y un 70 por ciento de ellas están en Buenos Aires (el resto en Córdoba, Mendoza, Salta, Iguazú y Bariloche, entre otras). El precio promedio de un alojamiento por noche en una vivienda estándar es de 94 dólares para cuatro personas. Hay atención telefónica las 24 horas.
ESTILOS. Los alquileres para turistas no sólo incluyen habitaciones en casas o departamentos: también hay castillos, casas sobre árboles y ofertas extravagantes. Foto: Cedoc Perfil

lunes, 16 de septiembre de 2013

25 paisajes naturales que rompen todos los récords


Descubrimos a través de 25 paisajes las montañas más espectaculares, las cascadas más altas, los ríos más caudalosos o las cuevas más profundas.



























sábado, 7 de septiembre de 2013

DUBAI, EMIRATOS ARABES

 Con 828 metros de altura, Burj Khalifa es la estructura más alta construida por el ser humano.

 Travesía de camellos en Dubai, Emiratos Arabes.

 Una bella postal de Jumeirah Beach Park.

 Panorámica de The Palm, en Dubai.

 Burj Al Arab y Mina Al Salam, íconos de Dubai.

Impactante show nocturno de luces y aguas danzantes de Dubai Fountain.

SAN PABLO / BRASIL

 Catedral da sé / Jefferson Pancieri

 Edificio Copan / Rodrigo Petterson

 Estación de la Luz / Wanderlei Celestino

 Mercado Municipal / Jefferson Pancieri

 Estadio Morumbí / San Pablo Turismo

 Parque de Ibirapuera / Jefferson Pancieri

Teatro Municipal / Jefferson Pancieri

El color de Centroamérica

De la herencia colonial de Antigua al mercado de Chichicastenango, la belleza del lago Atitlán y las imponentes ruinas de Tikal. Colores, perfumes y sabores de un país tan diverso como fascinante, donde la cultura maya sigue viva a cada paso.

Las pintorescas fachadas coloniales, el Arco de Santa Catalina y, de fondo, la silueta del Volcán de Agua. Una clásica postal de Antigua, la primera capital del Reino de Guatemala, convertida en la ciudad más visitada por los turistas.

POR PABLO BIZÓN / ESPECIAL PARA CLARIN


Pero, ¿qué pasó con los mayas, por qué desaparecieron?”, pregunta alguien, medio distraído, mientras la combi va ingresando en las sinuosas calles de Chichicastenango, enGuatemala. El guía Haroldo sonríe, como debe hacerlo siempre que le hacen esta pregunta, y dice: “¿Desaparecer? Mire a su alrededor; éstos son, aquí están los mayas”.
Esta es la primera noticia para quien venga a Guatemala, entonces: que sepa que de los mayas va a ver mucho más que unas impresionantes ciudades abandonadas, porque su cultura sigue viva en muchas de las 23 etnias que pueblan el país. Antes que esta, teníamos otra información más urgente, pero que ya quedó vieja: les íbamos a contar que el 21 de diciembre no se acababa el mundo, pero a esta altura es de suponer que de eso ya se percataron todos. Sin embargo, hay una tercera noticia, y es mucho más interesante: resulta que Guatemala es un país hermoso y sorprendente, que concentra de todo en pocos kilómetros cuadrados: playas sobre el Atlántico y sobre el Pacífico, volcanes, valles, lagos, montañas y, culturas muy interesantes y vivas, que mantienen sus tradiciones. El país, como el resto del mundo, sigue aquí luego del 21D, y más que nunca invita a empaparse con sus colores, sus sabores, sus historias.
De que el mundo no se terminaba nos anoticiamos de boca de un mismísimo sacerdote maya: fataban unos pocos días para el 21 de diciembre cuando nos dijo que “no es el fin del mundo, sólo un cambio de era”. Luiz Ricardo Ignacio V., además de sacerdote maya, es también el creador del Museo de Máscaras Ceremoniales, en las afueras de Chichicastenango. No se jugó cuando le preguntamos qué traería consigo este cambio; su respuesta fue, por lo menos, amplia: “Puede que todo cambie para mejor o para peor, pero también puede que todo siga igual, depende de nosotros”. Ok. Eso sí, el museo es muy interesante, con decenas de máscaras de morería que cuentan cómo fue evolucionando esta larga tradición del tallado y los festejos en la zona. Están desde las que tienen más de 300 años de antigüedad, talladas en madera de cedro, hasta las actuales, de pino blanco y pintadas de vivos colores.
El mercado más popular
Lo verdaderamente imperdible aquí es el propio Chichicastenango, nombre que significa “Lugar de los chichicastes”, o de las zarzas. Son unas dos horas desde Ciudad de Guatemala por una autovía nuevísima, que viborea, trepa y se descuelga por entre cerros, volcanes y profundas quebradas. Todo el mundo viene a “Chichi”, como lo conocen aquí, por su impresionante mercado, probablemente el más colorido y animado de toda Latinoamérica. Funciona los jueves y domingos, y más que por sus productos –que no están nada mal–, es fascinante por su ambiente único. Aunque dicen algunos que ha perdido algo de su esencia, y ahora es más caótico y “global” –junto a tejidos y máscaras artesanales hay baratijas chinas–, es una experiencia fantástica perderse por las calles, más coloridas y ajetreadas que nunca, seguido por vendedores de todas las edades que hacen un culto a la insistencia. El regateo aquí no sólo es necesario, es una costumbre cultural sin la cual nada se compra. Soledad, que no mide más de 1,50 m y atiende con envidiable simpatía su puesto en el mercado, me pide 250 quetzales por un hermoso tapiz con flores bordadas. Contraoferto 130, y la negociación comienza. Diez minutos después –resistí todo lo que pude–, me voy con mi tapiz, por 160 quetzales. Para quien no esté acostumbrado, esta negociación puede resultar agotadora.
En el gimnasio municipal funciona el mercado de vegetales –¡impresionantes tomates!!–, y en otro espacio, el menos turístico y más auténtico mercado de animales, donde se intercambian cerdos, gallinas, vacas.
En un extremo del mercado está la iglesia de Santo Tomás, edificada –cuándo no– justo encima del que era un centro ceremonial maya. Allí sigue estando la escalinata de piedra de 20 escalones –representan a los 20 días del mes del calendario maya–, con varios fuegos encendidos, ya que el humo es una forma de comunicación con los dioses. En Santo Tomás fue hallado el manuscrito del Popol Vuh (Libro del Consejo o Libro de la Comunidad), que habla del origen del mundo según los k’iche, el pueblo de la cultura maya mayoritario en Guatemala: el k’iche es la más hablada entre las 23 lenguas originarias del país.
Ese templo aplastado por una iglesia hospedaba al abaj, un altar sagrado en honor a Huyup Tak´ah, dios maya de la tierra, que fue sacado a escondidas y llevado a la cima de un cerro cercano, donde hasta hoy se siguen realizando ceremonias rituales, para las que llegan sacerdotes de todo el país y de México. Desde una prudente distancia y en silencio, se pueden presenciar estas ceremonias, en las que a la deidad se le ofrece comida, cigarros, bebidas, flores, mientras las personas piden o agradecen.
Antes de irnos de Chichi recorremos el pintoresco hotel Mayan Inn. Desde los jardines, envueltos por el perfume de las orquídeas, vemos, justo enfrente, un fabuloso estallido de colores: es el cementerio local, donde a los padres se los entierra bajo lápidas blancas –pureza–; a las madres, bajo el turquesa –protección para las mujeres–; a los niños, con celeste; a las niñas, rosado, y a los ancianos, bajo el color amarillo, que es la protección del sol sobre la humanidad.
Un lago que seduce
Estamos en la tierra de los hombres de maíz, y no porque sea un alimento omnipresente en las comidas –que lo es–, sino porque el propio Popol Vuh cuenta que, luego de fracasar con el barro, la madera y el tzite, los dioses decidieron hacer al hombre de maíz. Y son ellos –los hombres– los encargados de sembrarlo, porque es símbolo de la fecundación de la Tierra. Entonces, siguiendo la cosmovisión maya, por cada planta se siembran tres semillas: una para que coma el pájaro, otra para Dios y la tercera para que germine. El 9 es un número sagrado para los mayas; es lo que tarda el maíz en germinar, lo mismo que el hombre en el vientre materno.
Lo cuenta Haroldo mientras a través de las ventanillas comienza a asomar, laderas abajo, el lago Atitlán, ese que, dicen, Aldous Huxley calificó como “el lago más lindo del mundo”. No sé si será para tanto, pero de seguro entraría en varios rankings. Ubicado en el departamento de Solalá, es un enorme espejo de agua rodeado de volcanes y laderas verdes, y a sus orillas, en todo su perímetro, hay una docena de pueblos indígenas, cada uno con sus características. Poco antes de llegar a la orilla pasamos por Sololá, capital del departamento, donde conviven tres etnias: k’iche’, tz’utujil y kaqchikel. Hay un alcalde “blanco” y otro indígena, y las decisiones se toman en conjunto.
La mejor manera de llegar a los pueblos del lago es en lancha, y por eso cruzamos los floridos jardines del hotel Atitlán, en San Francisco de Panajachel, para alcanzar el muelle y zarpar al mando del capitán Miguel, directo hacia el volcán San Pedro, justo enfrente, que se eleva hasta los 3.020 metros de altura.
En unos 25 minutos desembarcamos en el muelle de Santiago Atitlán, y la fascinación se renueva: en las calles de la considerada “capital de la nación Tz’utujil Maya” se ven las vestimentas tradicionales, y no para los turistas, sino simplemente porque todos –bueno, la gran mayoría– las usan a diario. Las mujeres lucen sus huipiles –blusas– mayormente blancos, con coloridos bordados: flores, figuras geométricas y aves, especialmente pavos, símbolo de la riqueza. En los hombres destacan los pantalones, también blancos y con los bordados en la parte inferior.
En otros tiempos esta villa fue escenario de terribles matanzas y horrores de la represión, que culminó en 1990 con un célebre alzamiento popular. Hoy es uno de los pueblos más turísticos del lago y un fuerte refugio cultural, donde tienen un rol central las cofradías, encargadas de mantener los rituales mayas para asegurar que el sol, la luna, las estrellas y los planetas continúen sus caminos, porque en el esquema mayor cósmico, el hombre tiene su parte en todas las cosas y debe ayudar a engrasar los ejes del universo. Aunque originalmente fueron organizadas por sacerdotes españoles para promover el Cristianismo, las cofradías pronto dirigieron sus esfuerzos a las creencias locales, y cada una lleva el nombre del santo o deidad a que se dedica.
Entre coloridos tuc-tuc –mototaxis– que llevan y traen pasajeros colina arriba, llegamos al centro de Santiago, siempre entre mercados callejeros, y visitamos la iglesia, donde también están presentes los 20 escalones de la simbología maya. A continuación, ascendemos un poco más entre calles empedradas, y entre callejones y pasadizos llegamos a la cofradía que custodia a Maximón, el “abuelo del pueblo”, que según la leyenda, hace muchos años eliminó el mal del lugar. Sobrevivió a la persecución de la iglesia y hoy acuden a pedirle y agradecerle, encendiendo velas y dejando pañuelos a modo de ofrenda. El cófrade le prende velas y hace una oración por cada uno de los presentes.
De regreso en la lancha, hacemos un paso por el bello pueblo de Santa Catarina Palopó, cuyos habitantes pertenecen al pueblo Maya-Kakchikel y también mantienen sus tradiciones con orgullo. A diferencia de Santiago, aquí la vestimenta tradicional es de un turquesa intenso, incluidos sombreros y turbantes. Hay aguas termales, senderos panorámicos, mirador y playas, pero el tiempo sólo nos alcanza para visitar la antigua iglesia colonial, con su campanario de 1726. Ya entrada la noche desembarcamos en el vecino pueblo de Panajachel, donde una breve salida nocturna nos demuestra que la calle Santander es más que animada, con restaurantes, bares y discos.
El esplendor de Antigua
Calles empedradas, fachadas barrocas, farolas coloniales. Desde poco después de su fundación, en 1543, fue considerada una de las tres ciudades más hermosas de las Indias Españolas, y si un gran terremoto no hubiese detenido su desarrollo, la que fue capital del Reino de Guatemala –que comprendía también a los actuales Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y el estado mexicano de Chiapas– se habría convertido en una de las más grandes ciudades de América.
Aquello que podría haber sido pero quedó a medio camino es lo que se vislumbra en las calles de la ciudad de La Antigua, hoy un gran centro turístico repleto de tiendas, restaurantes, bares y frentes coloridos. La ciudad es un gran museo al aire libre, con sus tejados coloniales, sus conventos y sus iglesias, y si no fuera tan bonita y tranquila, nos veríamos tentados a no salir de nuestro hotel, que es mucho más que un hotel. Los gruesísimos muros que protegen lo que alguna vez fue un convento, hoy albergan el hotel cinco estrellas Casa Santo Domingo, que cuenta con el Paseo de los Museos, que aloja los museos Colonial, Arqueológico, de Arte Precolombino y Vidrio Moderno, de la Platería, de Artes y Artesanías populares de Sacatepéquez y de la Farmacia. Además, hay otras dos salas dedicadas a exhibiciones temporarias, claustros y criptas. Impresionante.
Tanto como las ruinas de la Iglesia y convento de las Capuchinas, consagrada en 1736, o la iglesia de la Merced, cuya fachada barroca expresa el sincretismo religioso: junto al cordero de Dios se ven las guías de la vid, para los mayas, un cordón entre el cielo y la Tierra.
Luego de pasar más de una vez bajo el Arco de Santa Catalina –la imagen más clásica de Antigua–, la visita finaliza en el Museo de Jade, una piedra semi preciosa muy importante en el país, previo paso por la increíble dulcería Doña María Gordillo. Unas deliciosas canillitas de lece por aquí, unos esponjosos chilacayotes en dulce por allá, y a seguir viaje.
Las voces de los ancestros
Son 50 minutos de vuelo entre Ciudad de Guatemala y Flores, capital del departamento de Petén. Aquí el calor y la humedad aprietan; a diferencia del resto país, estamos a nivel del mar, muy cerca de México y de Belice, para disfrutar de la frutilla del postre: el Parque Nacional Tikal, la mayor ciudad maya conocida hasta ahora, que permaneció oculta por la selva hasta 1848, cuando fue descubierta. En 1979 la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad y hoy el Parque tiene 576 km2, aunque sólo un tercio del total ha sido desenterrado. Por ello, junto a los senderos y pirámides se ven altos montículos de tierra: pirámides y monumentos que aún no fueron descubiertos, y ayudan a que nos imaginemos cómo se encontró el lugar.
Aún así, hay muchísimo para ver. La caminata comienza bajo un enorme ceibo –o iasché , al que los mayas veneraban como “árbol de la vida”–, y se prolonga por unas horas. Las ruinas y templos van apareciendo como al pasar, en medio de la selva, y son impresionantes. Subimos al Templo IV, que, con 70 m, es la estructura más alta del mundo maya. Fue construido alrededor del 741 y se le denomina “Templo de la serpiente bicéfala”. Desde la base de la crestería, la vista del lugar es impactante, con las cimas de las pirámides sobresaliendo entre la selva cerrada.
A varias de las pirámides no se permite subir, y me alegra: es tentador trepar los escalones, pero que lo hagan cientos de visitantes cada día debe ser devastador. Igual, subimos las escalinatas del Templo III y recorremos luego el Mundo Perdido y la Plaza de los Siete Templos, para finalizar en la gran Plaza Mayor, corazón del Parque, con estelas y altares, las acrópolis Norte y Central y los Templos I (del Gran Jaguar y II (de las Máscaras).
Tikal significa “lugar de voces”, porque en este maravilloso lugar los mayas se comunicaban con los dioses. Entonces, es mejor hacer silencio. Posiblemente no exista un lugar mejor para callar. Para callar y escuchar.

IMPERDIBLE
Semana Santa y otros festejos
No importa si se es creyente o no, o qué religión se profesa; la Semana Santa en Guatemala es tan colorida y festiva que envuelve a todos con su encanto. Las multitudinarias procesiones se suceden en todo el país, aunque una muy especial es la de Anti-gua, a la que por aquí llaman “la Jerusalén de América”. En Anti-gua se conmemora la Pasión de Cristo con altares especiales dentro de las iglesias, procesiones, velaciones, Vía Crucis y an-das que llevan las imágenes so-bre espectaculares alfombras que tapizan las calles, hechas con flores, frutas, verduras y aserrín de madera teñido de colores. Las confeccionan las hermandades o familias en honor al paso de la procesión. A quienes cargan las imágenes sobre sus hombros les llaman “cucuruchos”, por el sombrero que utilizan, y visten túnicas de color morado o negro, según el día y el santo que cargan. Guate-mala es una explosión de colores durante todo el año, pero se po-tencia a límites inimaginables en Semana Santa. Otro festejo es-pecial, sobre todo en las ruinas de Cobán, es el Rabin Ajau, de origen maya (q’eqchi), del 21 al 26 de julio. Y en Chichicaste-nango es importante la celebración de Santo Tomás, que culmina el 21 de diciembre.

 Una guacamaya roja muestra sus colores en el jardín del hotel Santo Tomás, en Chichicastenango.

 El mercado de frutas y verduras de Chichicastenango. En las calles se despliegan los puestos de artesanías.

 Los tejidos son toda una tradición, y cada etnia los confecciona con sus propios motivos y tonalidades.

 El Templo I o del Gran Jaguar, construido en el año 700, se ubica en la Plaza Mayor, corazón de la ciudad maya de Tikal.

Los volcanes Tolimán y San Pedro desde los prolijos jardines de un hotel, a orillas del lago Atitlán.

MINIGUIA
COMO LLEGAR. AviancaTaca tiene vuelos diarios a Lima, desde donde conecta con Ciudad de Guatemala vía San Salvador (El Salvador). El pasaje ida y vuelta, con impuestos incluidos, desde US$ 1.340 (www.taca.com).
DONDE ALOJARSE. En Ciudad de Guatemala, hotel Vista Real: desde US$ 149 la master suite (doble) con desayuno, hasta US$ 999 la suite presidencial (www.hotelvistareal.com). En San Francisco de Panajachel, Posada don Rodrigo: US$ 122 la doble con desayuno (www.posadadedonrodrigo.com). En Santiago Atitlán, hotel Tiosh Abaj: desde US$ 65 la doble (www.tioshabaj.com). En Chichicastenango, Hotel Santo Tomás: US$ 110 la doble (www.hotelsantotomas.com.gt); Mayan Inn: doble con desayuno, US$ 146 (www.mayaninn.com.gt). En Antigua, Casa Santo Domingo (5 estrellas), desde US$ 160 la habitación doble con desayuno hasta US$ 395 incluyendo sauna y jacuzzi (www.casasantodomingo.com.gt); hotel boutique Milflores, desde US$ 210 (www.hotelmilflores.com). En Tikal, Jaguar Inn: US$ 75 la habitación doble, US$ 70 la carpa para cuatro personas (www.jaguartikal.com). En Flores, Casa de Don David: US$ 46 habitación doble standard (www.lacasadedondavid.com).
QUE HACER. Por su ubicación, su variada geografía y su historia, Guatemala ofrece todo tipo de actividades. Por las ruinas mayas, es muy importante el turismo histórico y arqueológico, pero también está posicionándose fuertemente en ecoturismo (la observación de aves, con más de 700 especies, es muy importante), turismo de comunidades y turismo aventura. Son comunes las prácticas de trekking, mountain bike, rafting, cabalgatas, parapente y canopy, entre otras actividades.
CUANTO CUESTA. Entrada al Museo de Máscaras Ceremoniales de Chichicastenango, 25 q (poco más de US$ 3); máscaras, de 800 a 1.500 q (US$ 100 a US$ 190). Una comida promedio se ubica entre 40 y 150 q (5 a 18 dólares), el almuerzo completo en restaurantes de campo cuesta 130 quetzales (US$ 16,5). Aéreo ida y vuelta de Ciudad de Guatemala a Flores, US$ 286 (Taca). Bus desde el aeropuerto de Flores hasta el Parque Nacional Tikal, 100 q (US$ 12,6) ida y vuelta. En-trada a Convento de los Capuchinos en Antigua, 40 q (US$ 5). Tour de café de dos horas, US$ 18. Excursión de rafting por el río Cahabón, desde US$ 20 hasta US$ 45.
MONEDA. La moneda de Guatemala es el quetzal, y cotiza a razón de 7,9 quetzales por cada dólar.
CUANDO IR. La temperatura es similar todo el año, aunque la estación seca va de noviembre a mayo; el resto es más lluvioso pero con buenas ofertas hoteleras. Semana Santa es muy especial, porque es una de las mayores fiestas nacionales y se vive intensamente en todo el país, con procesiones y coloridas alfombras.
PAQUETES. Guatemala Clásico (mayo y junio): $ 14.620 por persona en base doble. Son 8 días visitando Ciudad de Gua-temala, Antigua, Tikal, Chichicas-tenango, lago de Atitlán, Santiago Atitlán; 7 noches en hoteles 3 estrellas con desayuno, traslados y excursiones. No incluye entradas a sitios arqueológicos ni tasas de Guatemala (www.lesamis.com.ar).
Aéreo más 7 noches con desayuno en hotel tres estrellas en Ciudad de Guatemala, US$ 1.847 por persona en base doble. Salidas, 26 de febrero y 16 de abril (www.despegar.com)
ATENCION. Excepto en algunos hoteles, el agua no es potable, por lo que es necesario comprar agua embotellada. Para visitar Tikal se recomienda llevar abundante agua, ropa para clima cálido, calzado cómodo, gorra, bloqueador solar, impermeable y repelente para insectos. El Parque abre todos los días de 6 a 18.

INFORMACION
Embajada de Guatemala en Buenos Aires, (011) 4313-9180.
(00502) 2421-2800.
info-lobby@inguat.gob.gt
www.visitguatemala.com

En Praga, tras los pasos de Kafka

Un recorrido por la vida del autor de “La metamorfosis”. Su casa natal, las aulas del palacio Kinsky, el Café Louvre y su tumba en el Nuevo Cementerio Judío.

El río Moldava, el más largo de República Checa, atraviesa Praga y ofrece mágicas postales.

POR NORA VIATER / NVIATER@CLARIN.COM


Una ciudad y el nombre de un escritor que están estrechamente ligados.
Praga y Franz Kafka parecen haberse influenciado una al otro, una relación de amor-odio que aún hoy puede seguirse como un circuito, desde la casa en la que nació el escritor hasta su tumba, en el Nuevo Cementerio Judío. “Esta madrecita tiene garras”, dijo el autor de “La metamorfosis” sobre su ciudad natal.
Kafka nació en julio de 1883 y vivió hasta los 2 años en un caserón de la calle Maislova, de la Ciudad Vieja. La construcción que se ve ahora no es la original, que fue destruida en un incendio. De alguna forma se conservaron las paredes pintadas de color crema y un altísimo portón pintado de verde. Por aquellos años, esta era una zona modesta, de la que la familia emigró cuando el escritor tenía apenas dos años. Su padre, Hermann, provenía de una familia rural, aunque, ya en Praga y casado con Julie Löwy, consiguió tener su propia tienda de accesorios como bastones y sombreros. De allí saltó a tener un gran almacén. En la esquina donde se levanta la vieja casona en la que nació Kafka, un busto que parece querer salirse del muro homenajea al escritor. Puertas adentro, hay una pequeña exposición sobre la vida de Kafka. Las palabras “cafe” y “Kafka” se repiten en las grandes vidrieras.
Cuando la economía de la familia superó la categoría de “pequeños comerciantes”, se mudaron a la calle Celetná 3, donde Franz Kafka, que vivió allí durante sus años de escuela y los primeros pasos en la universidad, pasó más tiempo con su familia. En esa casa tuvo una habitación propia, donde escribió sus primeros textos, perdidos en el tiempo.
Kafka, de padres judíos, había estudiado en escuelas alemanas. Para ese momento, Praga ya era una ciudad multilingüe. En la Ciudad Vieja, Kafka pasó también por las aulas del Palacio Kinsky, en el que a fines del siglo XIX funcionaba una escuela académica alemana de nivel secundario, llamada Altstädter Deutsches Gymnasium. En el segundo piso funcionaba la escuela. Muchos años después, en 1948, desde el balcón de este palacio el líder comunista Klement Gottwald dio comienzo, con un discurso histórico, a la era comunista en Checoslovaquia.
De estilo rococó, de paredes de estuco rosadas y blancas, pero sin pasarse de edulcorado, el palacio hoy es una de las sedes de la Galería Nacional en Praga para exposiciones temporales. Y, otro homenaje, en una de sus ochavas, casi escondida, está la librería “Franz Kafka”, con una buena variedad de literatura checa y una enorme cantidad de souvenires en los que la imagen de Kafka en blanco y negro o como un dibujito triste que se aleja, son también protagonistas. Cajas de fósforos, libretas y postales reproducen la delgada y melancólica figura del autor de novelas y relatos emblemáticos del siglo XX, como “La metamorfosis” y “El proceso”.
Reciclados, embellecidos, Praga está impregnada por los textos del escritor. Hasta de aquellas ideas o filosofías que le producían contradicciones, como el judaísmo. Se dice que Kafka asistía a los servicios religiosos de la Sinagoga Viejo Nueva, donde habitaba el mítico Golem, una criatura creada por el rabino Loew para proteger a los judíos de la ciudad.
Los cafés de Praga eran, a comienzos del siglo XX, foros en los que se discutía de arte, de literatura y filosofía, de política. Uno de los pocos que quedan en pie, pese a que estuvo cerrado forzosamente en 1948, es el Café Louvre, que abrió en 1902 y permanece, desde 1992 cuando reabrió como una suerte de centro cultural, en la calle Narodni 22. Este café está a pocas cuadras del Moldava, el río que atraviesa Praga, y el puente de Carlos. Joseph K., en la novela “El proceso”, camina estas calles, rumbo al barrio de Mala Strana y El Castillo.
En ese café (y también en el Slavia) se reunían Kafka y Max Brod, su amigo y albacea, el hombre que se negó a cumplir con la promesa que le había hecho al escritor antes de su muerte: quemar todos sus textos. No fue mucho lo que se editó de Kafka cuando vivía. Una buena parte, que incluye textos sin terminar, se publicó después, el 3 de junio de 1924, cuando el escritor murió de tuberculosis. Kafka también hizo una primera lectura de uno de sus textos en el actual Hotel Europa, en la Ciudad Nueva.
Fue apenas un año, entre 1916 y 1917. Kafka habitó, junto con una de sus hermanas, una de las pequeñas casas del Callejón de Oro, un barrio de alquimistas y orfebres que parece condensar toda la magia de Praga. Bordeado por casitas diminutas de colores, construidas a fines del siglo XVI para los guardas del Castillo, hacia fines del XIX fueron ocupadas por familias pobres. En los años 50, se buscó reciclar la zona para devolverle algo del aspecto original y las casas se tranformaron en una suerte de tiendas de recuerdos en miniatura, en las que se venden libros, cristales y otros recuerdos de Praga. En la que tiene el número 22 vivió Kafka.
En su libro “Ciudades con genio”, el filósofo y escritor español Fernando Savater cuenta: “La casa Opel fue el último domicilio donde Kafka vivió con su familia. Un edificio burgués, lujoso, incluso un poco ostentoso, en el que sus padres, después de haberse desarrollado económicamente, ocuparon los dos pisos superiores. En la ventana de la esquina tenía su habitación Kafka. Y él dice que tenía una vista muy notable sobre la calle que ahora se llama París. También observaba la iglesia de San Nicolás y una parte de la iglesia rusa. Encontraba su habitación sumamente agradable, salvo porque había ruidos nocturnos de grifos de agua, algo que le molestaba”.
Kafka trabajó durante 14 años sin ninguna alegría en una compañía de seguros, hizo prácticas como abogado en un estudio legal, caminó las calles y los parques de Praga con Milena Jesenská, su amiga y su par intelectual, una relación que se puede leer en el libro “Cartas a Milena”.
A pasos del Puente Carlos, en Malá Strana, se puede ver la exhibición permanente dedicada a Kafka, “La ciudad de K”, organizada en dos partes: “Espacio existencial” y “Topografía imaginaria”. En la primera se busca exhibir la influencia de la ciudad sobre el escritor, aquello de la “madrecita con garras”, mientras que la segunda trata la forma en que Kafka describe la ciudad en sus textos. También se exponen sus primeras ediciones, diarios, manuscritos, fotografías y dibujos. Hay algo insoslayable en este espacio y es la instalación del artista checo David Cerny: dos estatuas masculinas de más de 2 metros de altura orinando dentro de una fuente, que tiene la forma de la República Checa.
Frente a la Sinagoga Española, la estatua de bronce “Descripción de una lucha” es otro de los íconos de la Praga actual, casi tanto como la figura delgada del autor de obras monumentales como “El Castillo” y “La metamorfosis”. El bronce del escultor checo Jarslav Rona se inauguró en 2003 y representa un traje vacío sobre el que cabalga una pequeña figura. El nombre de la escultura está inspirado en un relato de Kafka.
Kafka murió a los 40 años en Kierling, Austria. Su tumba está en el Nuevo Cementerio Judío, junto a una placa que recuerda a las hermanas del escritor, asesinadas por el nazismo. Más allá del circuito turístico, uno vuelve a ver la sombra de Kafka en alguna calle húmeda de Praga, como en los dibujos en tinta negra y amarilla de las postales: de espaldas, alejándose, vestido con un abrigo oscuro y con sombrero.

MINIGUIA
COMO LLEGAR. Air France vuela a Praga con una escala en París. El precio del pasaje ida y vuelta con impuestos y tasas incluidos es de 14.143 pesos (www.airfrance.com).

DONDE ALOJARSE. En el Hotel Rott, desde $ 671 la habitación doble por noche. En el Hotel Maximilian, desde $ 795 la habitación, con desayuno. En el Jalta Hotel Prague, $ 633 la habitación por noche, con desayuno.

INFORMACION
www.czechtourism.com
www.czech.cz/es
www.kafkamuseum.cz

Aruba: La felicidad en una isla

La señal sonora anuncia que el vuelo está llegando a destino, aparatos electrónicos apagados, sólo se percibe el bramido de las turbinas y el chirrido de las alas cortando el viento. Sobre las ventanillas de la izquierda desaparecen poco a poco los nubarrones e irrumpe el mar Caribe, de un azul iluminado con manchas más oscuras aquí y allá. Inmediatamente se advierten pequeñas “ovejitas blancas” que se estrellan en olas tibias contra la costa. Allí está ese trozo de tierra de origen volcánico surgido de las aguas, Aruba, al que locales y visitantes llaman “La isla feliz” (One happy island es, además, el lema utilizado para las campañas turísticas).

Como si se tratara de una promesa cumplida a los viajeros, Aruba garantiza playas de arenas blancas y aguas transparentes.

POR MARÍA LUJÁN PICABEA / MLPICABEA@CLARIN.COM


En el traqueteo del aterrizaje empieza a sonar una melodía mental que no se detendrá en todo el tiempo que dure el viaje.
“Aruba, Jamaica ohh I wanna take you/ Bermuda, Bahama come on pretty mama/ Key Largo, Montego, baby why don’t we go” . Dice Wikipedia: “Es una canción escrita por John Phillips, Scott McKenzie, Mike Love y Terry Melcher y grabada por The Beach Boys en 1988”, que además fue el soundtrack del filme “Cocktail”.
Buenos Aires-Oranjestad vía Bogotá es la ruta elegida. Seis horas de vuelo hasta la capital de Colombia. Conexión. Hora y media más en el aire y hemos dejado atrás la ola polar que ganaba las portadas de los diarios argentinos para aterrizar en los 30 grados de Aruba con sol pleno –los arubianos juran que la isla tiene más de 300 días de sol al año.
Entre las preguntas de rigor, el formulario de migraciones consulta cuál es el motivo del viaje. ¿Negocios? ¿Reuniones? ¿Sol y playa? El alboroto y el movimiento agitado de los viajeros –principalmente familias con niños pequeños y grupos de jóvenes– al tocar tierra hace pensar, más que nada, en la última de estas opciones.
Pasión por el kitesurf
Los vientos alisios que zarandean las palmeras en el estacionamiento del aeropuerto internacional Reina Beatrix explican, de alguna manera, el contenido de los enormes bolsos que retiró de la cinta de equipajes un grupo de, al menos, veinte mujeres y hombres jóvenes que llegaron en el mismo vuelo. “Kite surfing”, dice animada Amyra Boekhoudt, miembro del ente de turismo de Aruba, desde aquí nuestra guía. “Es uno de los atractivos de la isla”, remata y promete que al día siguiente nos mostrará la playa más popular para ese deporte. Cumple a medias, porque al otro día nos señalará apurada, desde el volante de la camioneta, la playa Fisherman Huts, en la que las cometas de colores vivos se disputan las corrientes de viento. Dicen quienes saben que el mejor horario para montarse en el viento es por la tarde, después de las 16. Allí mismo, en una pequeña cabaña de madera, los visitantes pueden apuntarse también para los saltos en paracaídas.
Las constantes brisas que acarician las costas hacen de la isla uno de los destinos más favorables para la práctica, también, del windsurf. De hecho, en el mes de junio Aruba es sede del campeonato mundial para aficionados Hi-Winds, lo que le ha valido el mote de capital mundial del windsurfing.
Fisherman Huts está cerca de uno de los puntos panorámicos de la isla, en el extremo suroeste, donde se halla el faro que ya no cumple su función de guía, pero sigue teniendo cierto atractivo, sobre todo, porque al asomarse a las terrazas del restaurante que se ha edificado a su lado uno puede pasear la mirada por el contorno sur de la isla.
Desde el principio
Los datos enciclopédicos a saber a la hora de aterrizar en Aruba son: es un estado autónomo del reino de los Países Bajos, es una de las Antillas Menores y tiene sólo 180 kilómetros cuadrados. Cuenta con 106.698 habitantes, de acuerdo al último relevamiento. Su población está compuesta por 96 diferentes nacionalidades que se han amalgamado con los nativos de descendencia holandesa, africana, española e indígena.
El papiamento, idioma nativo de raíces afro portuguesas, fue reconocido como lengua oficial de Aruba en 2003 y es el idioma que los arubianos y residentes utilizan para la comunicación cotidiana. Sin embargo, los niños son escolarizados en holandés y aprenden papiamento como segunda lengua, así como inglés y español.
Los principales centros urbanos son Oranjestad, la capital y el sitio donde se concentra el turismo, y San Nicolás en el extremo sureste, una zona casi sin vegetación, de casas pequeñas y coloridas, calles angostas y veredas delgadas, con supermercados de cadenas chinas, casas de citas y bares oscuros pero pintorescos. Cada jueves, entre las 21 y las 22, San Nicolás es escenario de un pequeño desfile de carnaval, una fiesta con tambores, plumas y ornamentos en el que puede verse a los arubianos despojados de sus trajes de anfitriones, gozando de una celebración casi privada, en la que las caretas parecen revelar más de lo que ocultan.
“El carnaval –cuenta nuestra guía– es una forma de atraer turistas a esta parte de la isla”, aunque claramente fuera del circuito más tradicional.
Promesas cumplidas
Aruba no decepciona, la isla es lo que dice ser: un puñado de bellas playas de arena fina y blanca que bien puede caminarse con los pies descalzos sin quemarse nunca, un mar calmo y tibio al que puede entrarse sin apuro, sin temblores y sin sobresaltos. No importa si el agua llega a la rodilla, a la cintura o al cuello, los pies siempre estarán visibles, como los peces y los corales.
Más allá de la arena, las palapas, la leche de coco y el aroma a sal que se queda prendido a la piel, está la inmensa infraestructura hotelera de la isla, para todos los gustos y casi todos los bolsillos. Desde las principales cadenas internacionales que reproducen, en la geografía de arena, piedra y cactus de la isla, la arquitectura palaciega con que han instalado sus marcas en Europa y Estados Unidos, a otras típicamente costeñas, con edificios bajos que miran, en algunos casos a las piletas, en otros, a parques o canchas de golf y, los más afortunados, a la playa.
La preponderancia del turismo estadounidense –de allí proviene el 65 por ciento de los turistas que recibe la isla cada año– ha ido formateando su perfil. A sus centros comerciales no les falta ninguna de las grandes marcas de lujo, la oferta gastronómica no omite ninguna de las grandes cadenas de comida rápida y los centros nocturnos son puro punch , humo y tragos, lo que hace las delicias de los adolescentes de pieles ardidas por el sol.
Los restaurantes ofrecen una amplia carta de comida internacional pese a que Aruba no posee ningún tipo de producción propia y tiene que importar todos los insumos –buena parte de las carnes y algunos vinos llegan desde la Argentina–. Los platos, ya sean carnes rojas o pescados suelen estar acompañadas por raciones de arroz, ocasionalmente con frijoles (porotos). Tal vez lo más difícil de hallar son las verduras crudas y las frutas frescas.
En los sitios que ofrecen comida local puede almorzarse por unos 20 dólares, principalmente bandejas de pescado y mariscos fritos con raciones de pan batí (panqueques hechos a la plancha con harina de trigo y de maíz) y funchi (trocitos de polenta fritos o a la parrilla) y la ya tradicional cerveza Balashi, producida en Aruba en base a malta escocesa y lúpulo alemán. Los arubianos dicen que el secreto está en el agua. La isla tiene sólo una pequeña cuenca de agua dulce que está en el interior del Parque Nacional Arikok (ver Imperdible), fuente de lo que fue la civilización originaria de la tribu de los caquetíos; de modo que toda el agua que se consume es agua de mar desalinizada mediante un proceso de filtración a través de corales. El agua de Aruba: “Awa” en papiamento (la lengua oficial) es casi una bandera, la ofrecen siempre en jarras rebosantes de hielo y repiten una y otra vez que es el agua que sale del grifo. Y, hay que decirlo, sabe muy bien.
Golf, catamarán y barra libre
Nuestro cronograma de actividades incluye una clínica de golf con Donald Ross, director de la escuela de golf de The Links en el resort Divi Village. Es temprano pero el sol ya pica en la piel. Ross toma un palo liviano con su mano derecha, sólo con la derecha, coloca una pelotita a sus pies. Dice que hay que pensar que en su interior el palo tiene agua, que hay que alzarlo para que el agua caiga hasta su empuñadura y luego descargarlo con un movimiento natural que termina por golpear la pelota. El lo hace y se ve tan sencillo. Claro está, no lo es. Pero pasamos un buen rato intentando que el movimiento sea “natural”.
La agenda del día siguiente promete: un paseo de mediodía en catamarán, con almuerzo y barra libre, un auténtico baño de sol. Las embarcaciones parten desde Palm Beach, una de las playas más populosas y proponen tres o cuatro paradas y zambullidas.
La primera de ellas es lejos de la costa, justo encima de un buque alemán hundido en la Segunda Guerra Mundial. El dato a saber es que en 1924 se instaló en San Nicolás una enorme refinería –que cerró definitivamente en 2012– que llegó a tener 22.000 empleados y que abasteció de combustible a gran parte del bloque Aliado. Esa es la razón por la que la isla fue atacada y huella de aquello es el buque alemán que su capitán hundió para evitar que cayera en manos holandesas. Ese es el que espiamos provistos de patas de rana y snorkel. Hay algo del silencio que se produce agua adentro, sólo acompasado por la propia respiración que permite soltar amarras y asir ese universo marino, restos del naufragio embellecidos por movedizos cardúmenes de peces de colores, despojados de todo conocimiento previo del mundo. Claro que afuera la realidad es la de las vacaciones permanentes, con clásicos internacionales sonando en los altavoces y animadores sobreexcitados.
El programa prevé otras dos paradas en las que es posible alejarse del bullicio en Boca Catalina y simplemente nadar, cuesta 65 dólares.
Ya en tierra hay una cita obligada con la clásica postal de Aruba en la que se observan dos árboles retorcidos, uno junto al otro –cuenta nuestra guía que sirven de atrio para muchas de las bodas de turistas que se celebran en la isla– en Eagle Beach. La tradición oral dice que esos dos arbolitos castigados por el viento son divi divi (casi una marca registrada de Aruba) pero Amayra revela que en realidad son manglares, semejantes a las matas divi divi pero con hojas redondas bien distintas de los primeros que tiene hojas en pinnas.
Ya sean divi divi o manglares los que dan marco a la postal, es cierto que ese pequeño retazo de paisaje –arena, madera, hojas verdes, un mar con pinceladas de varios colores y el cielo rojizo de un atardecer costeño– bien valen una larga y silenciosa contemplación. Eso también es Aruba.

IMPERDIBLE
El Parque Nacional Arikok, que fue oficialmente creado en 2000 y ocupa la quinta parte de la isla, es un espacio de conservación de la naturaleza, la flora y la fauna de Aruba y sitios de relevancia geológica, cultural e histórica. 
“En un momento caímos en la cuenta de que si no preservábamos nuestro medio íbamos a terminar pareciéndonos a Manhattan”, dice Julio Beaujon, responsable del parque, mientras ofrece un desayuno completo al aire libre, bajo las matas típicas de la isla y rodeados de cactus. 
En la entrada hay un centro de interpretación que favorece una primera aproximación a las especies animales y vegetales que se encuentra en el territorio del parque. Una de las más simpáticas es el kododo, una pequeña iguana color turquesa, muy sociable, que bien puede cruzarse en el camino de los visitantes incluso dentro de los hoteles. Se toma muy en serio la preservación del búho arubiano que hace su nido en la tierra, por lo que no es extraño que al costado de un camino uno vea un pequeño corral y un hoyo con un cartel que señala el hábitat. Lo mismo sucede con las tortugas marinas que desovan en las playas, los conservacionistas delimitan la zona y esperan el día del nacimiento para acompañar a las crías al agua, para que todas alcancen el mar a salvo. 
El parque abre todos los días, de 8 a 16. La entrada cuesta US$ 10; menores de 17 años ingresan gratis (www.arubanationalpark.org).

 Los hoteles proponen actividades para grandes y chicos.

 Un tesoro submarino de corales y peces espera a quienes se animan al buceo y el snorkel.

Las fachadas color pastel muestran la típica arquitectura colonial holandesa en Oranjestad, la capital.

MINIGUIA
COMO LLEGAR. Copa Airlines vuela desde Buenos Aires hasta Oranjestad vía Panamá, desde US$ 987. Desde Córdoba, tarifas a partir de US$ 1.229. Informes: 0810-222-2672; www.copaair.com
Avianca vuela desde Buenos Aires hasta Oranjestad vía Bogotá, desde US$ 1.282 con impuestos incluidos. Informes: www.avianca.com

DONDE ALOJARSE. En el Divi Village Golf and Beach Resort, desde US$ 149 por noche (www.diviresorts.com).
Pueden conseguirse paquetes de una semana con aéreos y alojamiento incluidos desde 10.000 pesos por persona. Despegar.com ofrece, por ejemplo, un paquete de 8 días/7 noches para mediados de octubre, con pasajes aéreos de Copa, alojamiento en hotel cuatro estrellas en Palm Beach y servicio de asistencia al viajero por $ 14.492 por persona base doble, con impuestos incluidos.

DONDE COMER. En restaurante Papiamento, una antigua casona señorial con parque, piscina y cava propia, desde 50 dólares (papiamentoaruba.com).
Old Fisherman, en el centro de Aruba es una taberna con comidas típicas, desde 20 dólares (oldfisher manaruba.com).

MONEDA. Es el florín arubeño. Un dólar equivale a 1,8 florín. El dólar está aceptado como moneda de pago en servicios y negocios para los turistas.

INFORMACION
www.aruba.com
www.arubanationalpark.org
www.visitaruba.com

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