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jueves, 13 de agosto de 2015

Chile le agrega al Pacífico 1 km de pileta con agua del Caribe

Chile sabe construir. Y lo demuestra a través del leve impacto que los diferentes terremotos y temblores realizan en sus edificios. Un ejemplo claro de ello fue cuando el 1/04/2014 el país trasandino sufrió un sismo de magnitud 8,2° en la escala de Richter y sus construcciones parecieron solamente sentir una pequeña brisa. Así como el país está preparado para las situaciones más traumáticas, también lo está para las más placenteras: a orillas del Océano Pacífico puedes encontrar más de un kilómetro de pileta con agua del Caribe en el bello resort turístico de San Afredo Del Mar con una vista inmejorable. Una obra espectacular reconocida por el libro Guinness de los Récords en el año 2007.










viernes, 7 de agosto de 2015

La Trochita, un viaje en el tiempo

El Viejo Expreso Patagónico es un verdadero museo rodante. El humo blanco, la calefacción a leña y los paisajes nevados la convierten en una excursión ideal para el invierno. 


por  Vanesa López

Para quienes pasan por Esquel, en Chubut, es una visita obligada. Y son muchos los que, desde distintos destinos, se acercan para experimentarlo. El Viejo Expreso Patagónico, más conocido como "La Trochita", es uno de los trenes de trocha angosta más antiguos del mundo y nos invita a hacer un viaje en el tiempo.


La experiencia arranca antes de subirse. Conviene llegar temprano para ver el acoplamiento de los vagones y su despliegue de humo blanco que inunda el cielo. Una vez arriba, llega un anuncio interesante: se puede degustar chocolate caliente y tortas caseras.


"La trocha es la distancia que hay entre riel y riel, y en este caso es de solo 75 centímetros. Por eso es tan pequeña", nos explica la guía Daniela Crespi. "Las máquinas consumen 100 litros de agua por cada kilómetro que recorren", agrega.


Otra característica es la calefacción a leña. Cada vagón tiene una salamandra que nos ayuda a pasar el viaje calentitos, mientras saludamos a través de la ventana al paisaje teñido de blanco.

Si se puede elegir ubicación, conviene el coche Nº 1125: es el único original que queda. Además, como está en el medio, permite sacar la foto "obligada" tanto a la ida como a la vuelta. Cuando la guía dice “¡ya!” asomamos la cámara por la ventana y podemos retratar la parte delantera del tren mientras sigue una curva. 


Este tren nos permite viajar de la misma forma que hace 70 años. Fue el 25 de mayo de 1945 cuando llegó por primera vez a Esquel. Al principio fue sólo tren de carga y después se hizo mixto: de carga y para pasajeros. Cumplió una función social muy importante en la zona. Se cerró en 1993 y en febrero del 94 recuperó su esplendor. 
La Trochita recorre 18 kilómetros con lentitud, entre 25 y 30 Km/h, pasando por pueblos, arroyos y cordones montañosos. Una hora después, llegamos a Nahuel Pan, residencia de una comunidad tehuelche-mapuche. Allí tendremos 45 minutos para comprar artesanías y ver el Museo de Culturas Originarias. Luego, nuevamente el show. El tren queda detenido, pero la locomotora se destraba, da toda la vuelta y acopla en la parte final, preparándose para el regreso. Y así volvemos a Esquel, con nuevas sonrisas e imágenes para el recuerdo. 

MINIGUIA
Cómo llegar. A pocas cuadras del centro de Esquel, calle Roggero y Av. Pte. Perón. Durante todo el año, sale todos los sábados a las 10 horas. En época de vacaciones aumenta la frecuencia hasta seis veces por semana. Para chequear las salidas, seguir en Facebook a La Trochita Esquel. 
Cuánto cuesta. Para los argentinos, $ 180 los mayores, $ 70 los chicos de 6 a 12 años. Gratis los menores de 5. Jubilados y estudiantes universitarios, $110. 
Atención. Conviene sacar los boletos 3 o  4 días antes, porque se agotan. Las venden en la estación o en las agencias de turismo de Esquel. 

15 trenes turísticos de la Argentina

Quince ramales proponen un recorrido diferente por la multifacética geografía del país. El Tren a las Nubes, La Trochita y el Tren del Fin del Mundo son los más famosos.


El viento que estalla en la cara y el paisaje en constante movimiento del otro lado de la ventanilla otorgan algunas de las sensaciones únicas que proporciona el paseo en los quince trenes turísticos que recorren la Argentina. Mientras la locomotora y los vagones corren sobre las vías, el pasajero también se sumerge en una agradable atmósfera fraternal que comparte con otros viajeros, consecuencia directa de una aventura única, libre de tensiones y apuro. Esta forma de conocer los variados paisajes del país –que alternan ciudades, pueblos y parajes rurales– muestra signos de recuperación, impulsados por la apertura de nuevos servicios y la rehabilitación de ramales clausurados.
Lentamente, la diezmada red ferroviaria vuelve a andar sobre rieles y en el imaginario de los pasajeros su rica historia se funde con pinceladas de nostalgia, leyendas, dulces sueños y parte de los más entrañables recuerdos de la infancia.
Tren a las Nubes

Desde su inauguración en 1948, en su recorrido de 217 kilómetros desde la ciudad de Salta hasta el viaducto La Polvorilla –en San Antonio de los Cobres–, el legendario ramal C-14 del Ferrocarril Belgrano atraviesa 29 puentes, 21 túneles, 13 viaductos y dos rulos. Además, asciende desde 1.187 metros sobre el nivel del mar en la capital provincial hasta 4.220 metros en la Puna. En ese itinerario de 7 horas ida, por las ventanillas se cuelan impactantes imágenes del Valle de Lerma, la Quebrada del Toro y la Cordillera. Sale a las 7.05 y regresa a media tarde, para llegar a Salta capital cerca de la medianoche. Las próximas salidas serán el 30 de mayo, 6, 13, 20 y 27 de junio y 4, 9, 11 y 16 de julio. En temporada baja (hasta el 30 de junio) cuesta $ 1.100 ida y vuelta; los chicos de hasta 12 años y los jubilados pagan $ 900. En temporada alta (del 1 de julio hasta fin de año), $ 1.300; niños y jubilados, $ 1.000.
Dónde informarse (0387) 422-8021, ventas@trenalasnubes.com.ar, www.trenalasnubes.com.ar

Tren del Fin del Mundo De la traza original de 25 km (construida a principios del siglo XX por los presos del Presidio de Ushuaia para acarrear leña desde el bosque) hoy sólo se pueden recorrer 7 km. Desde que este lujoso tren se pone en marcha en la Estación del Fin del Mundo, a 8 km al oeste de la ciudad, un guía trilingüe (domina el castellano, inglés y portugués) relata la historia del antiguo ferrocarril. Rumbo al Parque Nacional Tierra del Fuego, la moderna versión del tren atraviesa primero el Cordón del Toro, luego supera el puente Quemado –sobre el río Pipo– y se detiene en la estación Cascada La Macarena, donde se levanta un típico asentamiento de los originarios pobladores yámanas reconstruido. Hasta el 31 de agosto, el Ferrocarril Austral Fueguino funciona todos los días desde las 10, las 12 y las 15; del 1 de septiembre al 30 de abril también hay tres salidas, pero la primera es a las 9.30. Cuesta $ 420; jubilados, $ 280; de 6 a 16 años, $ 100; hasta 5 años, gratis. En Primera clase, $ 650; Premium, $ 850; Vip, $ 1.500. Entrada al Parque Nacional, $ 40; menores y jubilados, gratis.

Dónde informarse (02901) 43-1600/7696, comercial@trendelfindelmundo.com.ar, www.trendelfindelmundo.com.ar
Tren de la Selva Por este silencioso medio, impulsado por una locomotora a gas, se puede llegar desde la entrada al Parque Nacional Iguazú –abierto todos los días desde las 8 hasta las 18– a la Garganta del Diablo, una postal emblemática de Misiones. Una vez que el tren ecológico se detiene a orillas del río Iguazú Superior, para poner pie en el mirador del más impactante salto de las Cataratas del Iguazú los pasajeros tienen que caminar 1.100 metros por una pasarela. A no más de 18 kilómetros por hora, los vagones abiertos permiten tomar contacto directo con los aromas, sonidos y colores de la selva. Cataratas, la única estación intermedia, es el punto de partida para recorrer los circuitos Superior e Inferior y cruzar en gomón a la isla San Martín. El trayecto en el tren está incluido en la entrada al Parque Nacional, que cuesta $ 160; jubilados, $ 30; de 6 a 12 años, $ 40; para los niños de hasta 5 años es gratuita.

Dónde informarse (03757) 491-469, info@iguazuargentina.com, www.iguazuargentina.com
Tren de la Costa Los dos vagones del Tren de la Costa vinculan en media hora la estación Maipú (en Olivos, partido de Vicente López) con Delta, a las puertas del Parque de la Costa. En su recorrido de 15 kilómetros se detiene en once estaciones. Once de esas paradas fueron recicladas y son parte de lo mejor que ofrece el paseo, además de las vistas sin obstáculos del Río de la Plata, las señoriales mansiones posadas sobre la barranca costera, la Reserva Natural Ribera Norte (en Acassuso) y la feria de antigüedades instalada en el andén de la estación Las Barrancas. Cuesta $ 10 (ida).

Dónde informarse 5444-6000
La Trochita Mientras se posterga la concreción del proyecto de recuperación del servicio completo (desde Ingeniero Jacobacci, Río Negro, hasta Esquel, Chubut), el Viejo Expreso Patagónico propone dos recorridos por la estepa patagónica y la zona cordillerana de Chubut, que duran alrededor de tres horas ida y vuelta: desde Esquel hasta la aldea mapuche Nahuel Pan y entre El Maitén y Desvío Thomae. Mañana (25 de mayo) habrá fiesta en la estación Esquel –en cuyo Paseo Ferroviario se exhibe una muestra permanente–, ya que el tren de 75 centímetros de trocha, conducido por una locomotora a vapor, celebra los 70 años de su inauguración. Además, del 12 al 14 de junio, se realizará el Rally 70° Aniversario. En junio, las salidas programadas desde Esquel son los sábados a las 10. Desde El Maitén –donde se puede hacer una visita guiada por el Museo Ferroviario y los talleres de reparación–, los mismos días a las 14. El pasaje de los dos ramales cuesta $ 300; para los niños de hasta 5 años es gratuito.

Dónde informarse (02945) 450-882/495-190, infoturismo@esquel.gov.ar, www.patagoniaexpress.com

Tren Patagónico Una aventura de 850 kilómetros sobre rieles por estepa, desde Viedma (a 28 km de la costa atlántica) hasta Bariloche, en la Cordillera. El paisaje de Río Negro, a lo largo de la costa del golfo San Matías cambia decididamente una vez que la locomotora y los vagones dejan atrás San Antonio Oeste (una de las doce habituales paradas, cerca de Las Grutas) y se internan en la Meseta de Somuncurá, hábitat de guanacos, choiques, maras, zorros, ovejas y aves de rapiña. El espectáculo natural se puede apreciar desde un vagón de Primera clase o Pullman, un camarote o el coche restaurante, mientras el camarero sirve un típico plato regional. Las cumbres nevadas de la Cordillera y el lago Nahuel Huapi se empiezan a apreciar a la mañana, poco antes de llegar a destino y al cabo de una travesía de 19 horas. Las salidas desde Viedma son los viernes a las 18; desde Bariloche, los domingos a las 17. El pasaje cuesta $ 468 en Primera clase, $ 612 en Pullman y $ 936 en camarote.

Dónde informarse En Viedma, (02920) 422-130; en Bariloche, (0294) 442-3172; estacionviedma@trenpatagonicosa.com.ar, estacionbariloche@trenpatagonicosa.com.ar, www.elpatagonico.net
Tren de las Sierras Un recorrido de dos horas para disfrutar de un tramo del sugerente paisaje del Valle de Punilla, la quebrada del río Suquía y el lago del dique San Roque. Desde las cabeceras de Alta Córdoba hasta Cosquín (conocida como “Capital Nacional del Folklore”, llena de peñas y artesanos) hay doce paradas intermedias. Las salidas son todos los días a las 8.25 y 10.40; el regreso desde Cosquín, a las 10.49 y 13.03. Los fines de semana y feriados se agrega una frecuencia a las 11.40, con retorno a las 14.03. Cuesta $ 6,50 ida; jubilados y pensionados, $ 5,30; de 3 a 12 años, $ 3,10.

Dónde informarse (0351) 486-1547, 0800-2228736, www.sofse.gob.ar
Tren Histórico de Villa Elisa Los fines de semana largos a las 16 la locomotora a vapor y dos vagones de madera del antiguo Ferrocarril Central Entrerriano completan un trayecto muy tranquilo desde “La ciudad-jardín de Entre Ríos” hasta 1° de Mayo (a 10 km de Villa Elisa) y Puente Negro, a 4 km. En vacaciones de invierno su trayecto se extenderá a 32 km, para llegar hasta el Camino Real –una ruta vecinal de tierra, 4 km antes de la estación Caseros–, donde el servicio se combinará con un bus, que llevará a los pasajeros hasta el palacio San José. El trayecto guiado por las típicas lomadas entrerrianas, arrozales, granjas y campos de engorde de ganado es muy didáctico. En un ambiente muy familiar, mientras el mate pasa de mano en mano, se relata la historia de la ciudad y de este ramal inglés, inaugurado en 1907. Cuesta $ 120; hasta 10 años, $ 110. Además, el Ferroclub local organiza paseos de 14 km en zorra por los alrededores de Villa Elisa, para 14 pasajeros. Las salidas son todos los días entre las 8 y las 12 y de 15 a 18, duran 15 minutos y cuestan $ 25; menores, $ 15.

Dónde informarse (03447) 48-1343/0146/1717, (03447) 15454215, rpirolla@yahoo.com.ar, www.villaelisa.tur.ar
Piedra Baya Sostenido por una trocha de 26 centímetros, desde 1998 este ferrocarril de montaña con capacidad para 22 pasajeros recorre 1.100 metros por el faldeo de la sierra de Comechingones, en Carpintería, a 10 kilómetros de Merlo, San Luis. El servicio volverá a funcionar en las vacaciones de invierno, magníficamente guiado por los inmigrantes alemanes Pablo y Gertrud Jäckel, todos los días a partir de las 15. El paseo arranca con un reconocimiento del monte virgen de molles, talas, espinillos, cocos y chañares. Continúa con el lento paso por puentes y un viaducto encurvado, antes de ofrecer una panorámica de la sierra y el valle desde la estación Monte Bajo. Al finalizar (unas dos horas y media después de la partida), los anfitriones invitan a su casa, donde agasajan a los visitantes con repostería centroeuropea, té, café y bebidas frías. Cuesta $ 230; chicos de 3 y 4 años, $ 200.

Dónde informarse (0266) 154645778
Ramal Tandil-Gardey El flamante tren turístico que une en dos horas la estación de Tandil con los pueblos rurales Vela y Gardey otorga una nueva perspectiva para admirar el paisaje de sierras y praderas del centro-sur bonaerense. En realidad, se trata del resultado del proyecto de recuperación de un ramal, que dejó de correr hace más de 40 años. La próxima etapa –parte del Programa de Pueblos Turísticos de la Secretaría de Turismo de la Provincia de Buenos Aires– prevé la extensión de las vías recuperadas hasta el partido de Benito Juárez, con paradas en Barker y Villa Cacique. El tren a Gardey sale de Tandil los sábados a las 9.45 y regresa los mismos días a las 14.45. Cuesta $ 20 ida y vuelta; hasta 13 años y jubilados, gratis. En el marco de la Semana del Turismo de Tandil (del 1 al 7 de junio), el sábado 6 de junio el tren será el eje de una Fiesta Gastronómica, con paradas de una hora y media en cada estación, donde se instalarán stands de cervezas artesanales y productos regionales.

Dónde informarse (0249) 442-3002/ 443-2073, turismo@tandil.gov.ar, www.ferrobaires.gba.gov.ar
Metrotranvía Mendoza Una grata novedad en la Ruta del Vino. La formación de dos vagones con capacidad para 180 pasajeros arranca de la primera estación del centro de Mendoza capital (en el cruce de avenida Belgrano y Las Heras) y, al cabo de 35 minutos, termina su recorrido de 12,5 kilómetros en la estación Gutiérrez, en el corazón del departamento Maipú. En total, el ramal tiene cuatro estaciones y doce paradores. El paseo turístico puede continuar a pie por la calle Ozamis, a tres cuadras de la estación Gutiérrez, donde cada hora la bodega López propone una visita guiada gratuita con degustación. A diez cuadras de la terminal, el Museo de la Vendimia y el Vino, en las instalaciones de Giol, exhibe el tonel más grande de Sudamérica. En este caso, la visita guiada cuesta $ 30. Otras bodegas renombradas que se pueden visitar en la zona son La Rural y Trapiche. Para el circuito de los viñedos y las bodegas de Maipú, algunos turistas optan por la combinación del tren con el colectivo 171, 172 o 173, que conduce hasta Coquimbito y allí alquilan una bicicleta. El boleto del Metrotranvía cuesta $ 4 ida y se adquiere con la tarjeta Red Bus.

Dónde informarse (0261) 420-1333, 0800-9992001, contacto@ciudaddemendoza.gov.ar, www.mendoza.gov.ar
De Salta capital a Güemes Desde mediados de 2012, una locomotora y dos vagones unen en una hora y 40 minutos la ciudad de Salta con el Circuito Sur, ideal para practicar ecoturismo y visitar el complejo termal El Sauce, en El Bordo, una de las estaciones intermedias del tren. La otra parada es en Betania. La localidad de Güemes se levanta en una zona rural de interés histórico y cultural. Las salidas del tren son de lunes a sábados a las 12.30. De Güemes sale a las 6.30. Cuesta $ 7 ida.

Dónde informarse (0387) 422-7438, 0800-2228736, www.sofse.gob.ar
Ferrocarriles de Chaco
El complejo termal de Roque Sáenz Peña, el campo de meteoritos caídos en la zona de Gancedo –cerca de General Pinedo– antiguos pueblos que conservan sus pulperías y almacenes de campo, las esculturas diseminadas en los espacios públicos de Resistencia y la abundante pesca en el río Paraná son algunos de los atractivos accesibles a través de los tres ramales ferroviarios recuperados en Chaco. De lunes a sábados, la línea Puerto Tirol-Puerto Vilelas cruza en una hora y media la capital de oeste a este, con 23 paradas intermedias urbanas y suburbanas. Cuesta $ 1,50 ida. A su vez, el tren de Resistencia a Los Amores sale de lunes a viernes a las 12.55 y llega a destino (en el norte de la provincia de Santa Fe) en 6 horas y media. Cuesta $ 16 ida, al igual que el servicio Sáenz Peña-Chorotis, que funciona todos los días a partir de las 17 y demora cinco horas y media.

Dónde informarse (03722) 475-550, 0800-2228736, www.sofse.gob.ar
Basavilbaso-Villaguay Mientras continúan las tareas de reparación de vías hasta Concordia, este paseo por la zona rural de Entre Ríos queda restringido a los 70 kilómetros que separan Basavilbaso de Villaguay. Se puede complementar con un recorrido por el Circuito Histórico de las Colonias Judías, establecidas a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. El tren sale de Basavilbaso de lunes a viernes a las 7 y llega en 1 hora 30’. Regresa de Villaguay los mismos días a las 16.30. Cuesta $ 6 ida.

Dónde informarse (03445) 481-054, 0800-2228736, www.sofse.gob.ar
Paraná a Conc. del Uruguay Reinaugurado en junio de 2010, este ramal de 280 kilómetros vincula 24 estaciones del centro de la provincia de Entre Ríos, como Crespo, Nogoyá, Rosario del Tala y Palacio San José. Un moderno tren restaurado en Córdoba permite llegar en poco más de siete horas desde la costa del Paraná hasta el río Uruguay. Sale de la ciudad de Paraná los viernes a las 7 y regresa los domingos a las 13. Cuesta $ 24 ida en clase Pullman. Además, de lunes a viernes a las 5.45 un servicio suburbano une en una hora y 45 minutos la capital entrerriana con Colonia Avellaneda. Otros ramales llegan hasta Villa Fontana –cerca del Circuito de Colonias de Alemanes del Volga, como Aldea Brasilera, Spatzenkutter y Valle María, Diamante y el Parque Nacional PreDelta– y Oro Verde, 10 kilómetros hacia el sur de Paraná, sede del primer Centro Tecnológico de la Región, la Asociación Entrerriana de Astronomía y el prestigioso Laboratorio Gugler, de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Entre Ríos. El pasaje de estos tres recorridos cortos cuesta $ 1 (ida).

Dónde informarse (0343) 484-0218/0952, 0800-2228736, www.sofse.gob.ar

Viaje a los extremos del mundo

De la ciudad más alta a la más baja, del destino más árido al más lluvioso, de la cima del mundo a la fosa Más profunda. Un recorrido por los sitios que, por clima O geografía, se ubican en los extremos.


No hay mucho para ver en el Cabo Norte, la verdad. Grandes acantilados rocosos que se asoman al océano Artico, nada de vegetación. No mucho de especial. Sin embargo, miles de personas llegan hasta aquí cada año, con el solo objetivo de tomarse unas fotos en un pequeño monumento que reproduce el globo terráqueo y poder decir “aquí estuve”. Es que Nordkapp, este acantilado ubicado en el norte de Noruega, es el punto más septentrional de Europa. Es decir, el final del continente, el balcón al océano. Más allá, a donde no se puede continuar, sólo las aguas gélidas y el hielo del Polo Norte.


El Cabo Norte, a fin de cuentas, tiene ese atractivo especial que sólo atesoran los lugares extremos del mundo –aunque luego se descubrió que técnicamente el cercano Cabo Kinnarodden, de muy difícil acceso, está un poco más al norte–, esos sitios que hacen sentir al viajero que ha llegado hasta un lugar mítico del planeta, o que consiguió alcanzar el fin del camino, encontrar el límite. Y que, por más que lo intente, más allá no podrá ir. Esos sitios en los que parece que el mundo termina, como el mítico cabo Fisterra, en Galicia, ese que en la Antigüedad era considerado “el fin del mundo”.

Los puntos cardinalesEn el Cabo Norte suelen reinar la nieve y los vientos helados, pero lo contrario sucede en el extremo más meridional de Europa: el Cabo Tarifa, esa curiosa saliente ocupada por una ciudad en la comunidad de Cádiz, en el sur de España. Aquí también acuden miles de personas, en parte para ver ese punto en el que se unen el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, pero también –y más, seguramente– por el atractivo extra que ofrecen sus extraordinarias playas de arena, como la famosa Valdevaqueros, “meca” para los amantes del windsurf y el kitesurf. Pero también hay para un buen chapuzón de historia, con el Castillo de Guzmán el Bueno, construido en el año 960.
Y si ya llegó hasta allí y tiene ganas de andar un poquito más, sólo unos kilómetros al noroeste puede completar el periplo visitando ese punto en el que Europa se hunde de lleno en el Atlántico. Ese sitio, al que el poeta Luís de Camões describió como “aquí, donde la tierra se acaba y el mar comienza”, es el Cabo da Roca, ubicado unos 40 kilómetros al occidente de Lisboa, en la municipalidad de Sintra. El lugar, al que los romanos llamaban Promontorium Magnum, es parte del Parque Natural Sintra-Cascais y suele llenarse de visitantes los fines de semana. Vigilando la costa y sus pequeñas playas separadas por acantilados de piedra de hasta 100 metros de altura está el tercer faro de Portugal: el Faro da Roca, construido en 1772 y de 22 metros de altura.

Sin embargo, si se trata de cabos o promontorios que unen aguas, nada más atractivo que el Cabo Agulhas, o de las Agujas, en el extremo sur de Sudáfrica, que no sólo es el punto más meridional de Africa, sino también el lugar desde el que se pueden contemplar dos océanos, como bien lo indica el cartel de la foto obligatoria: a la derecha, el Atlántico; a la izquierda, el Indico; en medio, la unión de ambos. Atención si visita Ciudad del Cabo: no son pocos los despistados que llegan hasta el mítico y bellísimo Cabo de Buena Esperanza pensando que es allí donde se unen los océanos. Pues no, eso sucede bastante “más allá”; Agulhas está unos 150 km más al sudeste que Buena Esperanza, y allí no hay mucho más que esos carteles: playas rocosas, unas piedras que recuerdan a agujas –las que le dieron el nombre, claro– y un mar bravo que causó no pocos naufragios y llevó a la construcción de un faro, en 1848, al que vale la pena trepar. Cerca, el pequeño y pintoresco pueblo de Agulhas no ofrece muchos encantos, pero apenas unos km al noreste, en Struisbaai, las playas se vuelven espectaculares y el turquesa del agua enceguece. Esto, señores, ya es el Indico.
¿A dónde te fuiste a vivir?
Hay quienes gustan de vivir en ciudades extremas, y son más aún los viajeros curiosos que disfrutan visitándolas. Por ejemplo, si ya llegó a Noruega a poner sus pies en el Cabo Norte, sólo tiene que desandar el camino unos kilómetros para llegar a Hammerfest, que, con casi 10.000 habitantes, es la ciudad ubicada más al norte en todo el planeta. Aunque podríamos decir que las personas más intrépidas no son los “hammerfestenses” sino quienes viven en Alert, pequeña localidad de la costa septentrional de la isla de Ellesmere, en el territorio autónomo de Nunavut, Canadá. Alert es el asentamiento humano permanentemente habitado más septentrional de la Tierra, aunque no pasa de ser una base militar con una estación meteorológica. Su carretera de 6 km y su aeropuerto son también la carretera y el aeropuerto más norteños. Pero seguramente no vale la pena tanto esfuerzo para llegar a un sitio que está ocupado sólo por militares, y que en el censo de 2006 contaba con ¡sólo cinco habitantes!
Un poco más grande –1.600 habitantes– es Longyearbyen, en el archipiélago de las islas Svalbard, en el océano Artico y pertenecientes a Noruega. Es el poblado de más de 1.000 habitantes más septentrional del mundo, pero claro, no alcanza la categoría de ciudad, y por eso este título permanece en manos de Hammerfest.

Las antípodas de esta ciudad noruega están bastante más a mano para los argentinos, ya que la ciudad más austral del planeta no es otra queUshuaia, capital de Tierra del Fuego. A orillas del Canal de Beagle, y a 3.200 km de Buenos Aires, es la base desde la que parten los cruceros a la Antártida y pasan por el legendario Cabo de Hornos, otro bravo punto de unión entre océanos: aquí se encuentran el Atlántico y el Pacífico, entre vientos permanentes y olas desafiantes.
Es cierto que más al sur –vamos, que casi justo enfrente– está la chilenaPuerto Williams, pero por su escasa cantidad de habitantes –poco más de 1.600– no alcanza categoría de ciudad. Sin embargo, Puerto Williams sí tiene el récord de ser el asentamiento administrativo más austral del mundo, por ser capital tanto de la Agrupación de Comunas de Cabo de Hornos y Antártica como de la provincia de la Antártica chilena. Así que vale la foto en sus orillas.

Ahora, sucede que los extremos del planeta bien pueden medirse no sólo por las latitudes, sino también por las altitudes. Por eso, si el viajero se pregunta cuál será la población permanente más alta del mundo, que lea las siguientes líneas: en el departamento de Puno, en Perú, en medio de los Andes y a 5.100 metros sobre el nivel del mar se ubica La Rinconada, una ciudad minera que, a decir verdad, está en las antípodas del turismo: allí casi 30 mil personas malviven de manera muy precaria, sin agua corriente, alcantarillas ni calefacción, en un ambiente por demás gélido y contaminado, sobre todo por el mercurio y el antimonio que se usan en la extracción artesanal de oro. La temperatura permanece bajo cero durante gran parte del año, y llega hasta –25°C en las noches invernales. Mucho más atractiva es la situación de la cercana La Paz, en Bolivia, que tiene otra marca insuperable: es la capital más alta del mundo, con su centro a 3.640 metros y barrios que trepan a los 4.100 m, como la zona de El Alto.

De La Rinconada a sus antípodas hay 5.340 metros de diferencia: la bíblica Jericó, en Cisjordania –territorio palestino–, se ubica a 240 metros bajo el nivel del mar, y es la población más baja del mundo, y también la más antigua. Y por allí cerca está la mayor depresión mundial, en una zona del valle del Jordán que desciende 423 metros por debajo del nivel del mar. O 9.271 metros más abajo de la cima del mundo, el monte Everest.
Con termómetro y paraguas
Supongamos ahora que llegó hasta Ushuaia para conocer la ciudad más austral del mundo. Bien. Tiene entonces la opción de tomar un crucero a la Antártida para conocer el lugar más frío del planeta: en verdad es un poco complejo, porque lo que se encontró es que el aire sobre la cordillera que va del Dome Fuji al Dome Argus llegó a estar, en agosto de 2010, a 93°C bajo cero. Esa temperatura congelaría los ojos, la nariz y los pulmones de una persona en pocos minutos, porque está casi 13 grados por debajo del punto en que el dióxido de carbono se transforma de gas a hielo seco (–78,5° C), así que mejor piénselo dos veces antes de comprar los pasajes. En el lugar opera una estación científica japonesa, la de mayor altitud de todas las desplegadas por el continente antártico: 3.786 metros sobre el nivel del mar.
Lo que tal vez sí le pueda resultar más interesante es conocer cómo se vive día a día dentro de un freezer a la máxima potencia. Si eso le da curiosidad, no lo piense: reserve un ticket con destino a Yakutsk. Esta ciudad de la Siberia rusa, de cerca de 270 mil habitantes, es la más fría del mundo. Es cierto que la temperatura más extrema en un sitio habitado (–71,2°C) se registró en Oymyakon, pero este pequeño pueblo siberiano no supera los 800 habitantes. Por lo tanto, si de ciudades se trata, el récord es de Yakutsk, capital de la república rusa de Sajá, donde la temperatura media anual ronda los –10ºC pero en invierno baja a –40°C, con un récord de –64°C. Eso sí, la amplitud térmica es enorme, ya que en julio –verano del hemisferio Norte– se han llegado a dar máximas de hasta 38ºC. Pero ojo, ¡sobre cero!

Y si se cansa de cargar tantas frazadas, anote este nombre: Dasht-e Lut. Ni el Sahara, ni el desierto de Gobi, ni el subte de Buenos Aires; no, el lugar más cálido del planeta es el desierto salado Dasht-e Lut, en el sudeste de Irán. Bueno, en realidad es una versión, porque aquí hay polémica. Resulta que en 2005 mediciones satelitales de la NASA registraron en la planicie de roca volcánica negra de Lut la mayor temperatura ambiental (sin “ayuda” de incendios, volcanes, géiseres o actividad humana) del mundo: 70,7°C. Pero es una medición satelital. De las registradas en la Tierra, según la Organización Meteorológica Mundial, la más alta es la que se midió el 10 de julio de 1913 en el Valle de la Muerte de California (Estados Unidos), a 330 km de Los Angeles: 56,7°C. Otro valle desértico y sin vida, aunque en este caso es un parque nacional visitado cada año por alrededor de un millón de personas.
También hay quien busca –masoquistas siempre hay– la ciudad más calurosa del mundo. Aquí la lista es larga y disputada, con mediciones extremas como los 55°C que registró Kebili (Túnez) en 1931; los 54°C de Tirat Zvi (Israel), en 1942, o los 52°C de San Luis Río Colorado (México) en 1966. En Argentina, el récord lo tienen –¡cuándo no!– los cordobeses: el 1 de febrero de 1920, la ciudad de Villa María se cocinó a 49,1°C.
Pero si se miden las temperaturas promedio a lo largo del año, a la lista de ciudades-horno hay que agregar a Jazan City, en la costa del mar Rojo de Arabia Saudita, seguida de cerca por Bangkok, capital de Tailandia, donde se superan habitualmente los 40°C, con altísima humedad.

Y cuando lo que lo mata es la humedad, hay una solución: unas buenas vacaciones en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, un lugar en el que uno podría decir tranquilamente que “no llueve nunca”. De verdad. Tan poco llueve, que es el lugar más seco del mundo. La ciudad de Arica, por ejemplo, tiene un récord de lo más curioso: pasaron casi 15 años, entre octubre de 1903 y enero de 1918, sin que se registrara ni un solo milímetro de precipitación. Es, claro, la sequía más larga del mundo.
Su opuesto, curiosamente, no está tan lejos: dicen los registros que el lugar más lluvioso de la tierra es el municipio de Lloró –nunca mejor puesto el nombre–, en Colombia. El régimen de lluvias de esta zona –que no está lejos de Medellín y el eje cafetero colombiano– multiplica por diez el promedio de zonas como la Pampa argentina: el cielo descarga aquí la exagerada cifra de 13.300 mm por año, superando a Cherrapunji, en la India, ciudad que por mucho tiempo se consideró la más lluviosa. Pero en Cherrapunji caen “apenas” 11.430 mm por año, aunque con un leve detalle: las precipitaciones se concentran en la estación monzónica en lugar de repartirse durante todo el año, como en Lloró. Así, una visita a la ciudad india en época de lluvias vendría siendo lo más parecido a un tour al diluvio universal.

jueves, 6 de agosto de 2015

Siete lugares misteriosos del mundo

Pocas cosas más intrigantes que un buen sitio misterioso, de esos que esconden historias inexplicables o fenómenos que desafían la razón, cuyas explicaciones convencen sólo a medias y sólo a quienes quieran creerlas, y muchas veces dejan lagunas de dudas y preguntas. Aquí, siete de esos lugares que, más allá de su riqueza paisajística y cultural, atraen por ser fuente de grandes enigmas, que un buen viajero muchas veces prefiere disfrutar antes que develar.


Dibujos en el desierto, Perú
En el sur de Perú hay una serie de enormes dibujos, muy precisos, sobre la arena dura del desierto, que sólo se ven desde cierta altura: el mono, la araña o el colibrí, entre otros. ¿Fueron hechos por extraterrestres?, ¿son guías de vuelo, pistas de aterrizaje? Es una teoría que muchos sostienen. Pero hay otras: ¿pistas de carreras antiguas?, ¿especies de calculadoras astronómicas gigantes?, ¿acueductos para riego?  La arqueóloga norteamericana Christina Conlee, que desde hace años estudia el tema, asegura que no hay evidencias de ovnis, y que las líneas fueron trazadas por miembros de la cultura nazca hace más de 2.000 años, y serían caminos que se recorrían durante ceremonias rituales en las que se pedía lluvia. “Eran como grandes templos al aire libre, donde se realizaban las ofrendas a los dioses”, explica. ¿Fin del misterio?
peru.travel


Area extraterrestre, Estados UnidosUnos 170 km al norte de Las Vegas, en el estado de Nevada, está la zona más secreta del mundo, sobre la que se tejen cientos de historias, de las científicas a las más delirantes. Su nombre es Area 51, y es una inmensa base militar de la Fuerza Aérea estadounidense, cuyo objetivo principal es desconocido, aunque se dice que allí se investiga con armas avanzadas y aviones experimentales. Lo poco que se sabe del lugar es que tiene la pista de aterrizaje más larga del mundo, con casi 10 km, y que emplea a prestigiosos ingenieros aeronáuticos en proyectos top secret. El mito se inició cuando se rumoreó que allí se habrían ocultado los restos de una nave extraterrestre caída en Roswell, Nuevo México, en 1947.Hacen crecer el mito del Area 51 las muchas películas que la nombran y la paranoide seguridad que la rodea. El gobierno de Nevada bautizó “Carretera extraterrestre” a la cercana ruta 375 y puso cartelería y “zonas temáticas ovni”, para que los visitantes sigan expandiendo el misterio mientras escuchan historias de los E.T. y las luces extrañas que se ven en la zona. En Crystal Springs hay un “Alien Research Center”, y en el aeropuerto de Las Vegas, una línea aérea “fantasma” traslada todos los días a los trabajadores hasta el área, en seis aviones sin identificación.
travelnevada.com


El triángulo energético, océano Atlántico
Entre Puerto Rico, la costa de Florida y las islas Bermudas se encuentra este triángulo que muchos consideran “maldito” y que ha sido objeto de las más locas teorías. La leyenda negra del Triángulo de las Bermudas comenzó en 1918 con la desaparición del buque norteamericano USS Cyclops durante un viaje entre Barbados y Baltimore, con 306 pasajeros y tripulantes. Pero el hecho más famoso ocurrió en 1945: la desaparición en pleno vuelo de una escuadrilla de bombarderos estadounidenses, de la que nada más se supo. Es el célebre “misterio del vuelo 19”, cuya fama creció porque el hidroavión que partió al rescate el mismo día también desapareció. Luego hubo otros sucesos similares protagonizados por aviones y barcos, con 135 víctimas.Sin embargo, los hechos no confirman la fama: las explicaciones van desde ciclones hasta accidentes absurdos, pasando por actos de piratería moderna. Y aunque las compañías de seguros no consideran al “Triángulo de las Bermudas” un lugar más peligroso que otros, lo mejor para quitarse las dudas es animarse a navegar y sumergirse en esas aguas.
www.gotobermuda.com


Las piedras milenarias, Inglaterra
Cada 21 de junio, solsticio del verano boreal, el sol salía atravesando justo el eje de este centro ceremonial, un claro indicio de que quienes lo construyeron sabían de astronomía. El mismo día, el sol se ocultaba atravesando el eje del Woodhenge, donde se encontraron huesos de animales y objetos que evidencian que se celebraban fiestas, probablemente al anochecer. El punto es que, aún cuando existan explicaciones parciales y teorías, todavía no se sabe a ciencia cierta para qué fue construido Stonehenge, un conjunto formado por dos círculos de piedra concéntricos, ubicado 140 km al sudoeste de Londres. Dicen algunos que era un templo; otros, que era un observatorio astronómico; y otros, un calendario prehistórico. Con varias teorías a cuestas pero ninguna certeza, Stonehenge sobrevive desde hace milenios en la campiña de Wiltshire, cerca de Salisbury.
www.stonehenge.co.uk


Las wandjinas, Australia
Cuentan las leyendas que en varios sitios de Australia, sagrados para los pueblos originarios, se libraron combates entre el Dios del Sol, que llegó del cielo en una nave, y el Dios de la Tierra. Representaciones de ellos quedaron reflejadas en extraños monolitos y formas diseminados por toda Australia. En gran medida en Kimberley, una remota zona del noroeste, muy poco poblada y con magníficos paisajes rojizos. Allí, en 1838 se descubrieron pinturas rupestres antropomorfas muy particulares: se asemejan muchísimo a astronautas, o a lo que podemos imaginar como extraterrestres, y dan lugar a teorías y especulaciones.Los aborígenes dan a estas figuras el nombre de wandjinas, y aseguran que no fueron hechas por sus antepasados sino por los propios seres representados, cuando descendieron a la Tierra en tiempos muy antiguos, trayendo la civilización y la prosperidad. Con hasta siete metros de altura, las pinturas muestran personajes con dos grandes cuencas oculares sobre una tez blanca y carentes de boca. Y prácticamente todas llevan en sus cabezas especies de aureolas luminosas, además de tener de tres a siete dedos en sus manos y pies, protegidos con sandalias, cuando los aborígenes australianos siempre anduvieron, como aún hoy, descalzos. Destaca la figura de un hombre vestido con una larga túnica color rosa, un círculo doble rodeando su cabeza y una especie de inscripción con 6 letras o números en un alfabeto desconocido.
www.australia.com/es


Fenómenos paranormales, Estados Unidos
He aquí un lugar plagado de historias de apariciones y fenómenos paranormales: el Triángulo de Bridgewater, delimitado por los pueblos de Abington, Freetown y Rehoboth, en el sudeste de Massachusetts, cerca de Boston. Con 520 km2, es uno de los sitios de mayor concentración de eventos paranormales del mundo, y hasta supuestos rituales satánicos alimentan su fama. Alberga decenas de cementerios –con sus correspondientes historias espeluznantes–, y en su corazón está el pantano de Hockomock, ese que los antiguos indios algonquinos llamaban “El lugar donde moran los espíritus”. Por su terreno, por los caimanes y serpientes, por sus pozos de arenas movedizas y por los gases tóxicos que emite, es un lugar más que peligroso para cualquiera. Se dice que para los indios estaba prohibido internarse allí, y dejaron una profecía: “Los hombres blancos jamás podrán habitar este sitio y jamás podrán sentirse seguros aquí”. El lugar cuenta apariciones del famoso Piegrande y una rara fauna que incluye criaturas imposibles, pájaros gigantes o serpientes descomunales.
www.massvacation.com


La piscina de Nessie, Escocia
Más de 1.500 años tienen las versiones y rumores sobre un animal enorme -Nessie- que habita las aguas del lago Ness, en Escocia. Y aunque la credibilidad y precisión de las narraciones siempre se vieron cuestionadas, lo cierto es que, según la mayoría de las descripciones modernas, se parecería a un plesiosauro, criatura acuática prehistórica extinta. Supuestamente extinta, diría un habitante local, ya que hoteles, operadores de tours y comerciantes de baratijas viven gracias a su leyenda. Se comprobó que una de las dos famosas fotos que retratarían al animal, la de Marmaduke Wetherell, es falsa. Pero la otra, subacuática, obtenida por Robert Rines a principios de 1970, que muestra una especie de gran aleta romboidal, no ha sido desmentida.
www.visitscotland.com/es

Ciudades fantasma que vale la pena conocer

De Estados Unidos a Rusia, y de Japón a Namibia, la visita a ciudades y pueblos abandonados marcan una tendencia en materia turística. Quizás el mejor ejemplo sea el de Pripryat, la ciudad cercana al reactor nuclear de Chernobyl, donde los turistas se adentran en una zona radiactiva -con traje especial si así lo desean, aunque no es indispensable si es sólo por unas horas- por unos 100 dólares en grupo o hasta 500 en tour individual. Aquí, una lista de algunos de estos sitios que vale la pena conocer.


La fiebre de los metales
La gran mayoría de las ciudades y pueblos que vieron desaparecer en poco tiempo a sus habitantes son las que surgieron al compás de las fiebres minerales como oro, diamantes o carbón.


Bodie: hay muchos pueblos de este tipo en los Estados Unidos, pero uno de los más atractivos, al menos desde lo estético, es Bodie, en el centro-este de California, casi en la frontera con Nevada. El oro se desdcubrió en 1859, y 20 años después, el pueblo tenía 10.000 habitantes, con ladrones, pistoleros, prostitutas y hasta 65 salones, salas de juego y fumaderos de opio, e incluso un próspero barrio chino. La decadencia comenzó a fines del siglo XIX, y en 1910 sólo quedaban 698 personas. Hoy hay más de 150 edificios bien conservados e incluso reconstruidos, que cada año reciben a unos 200 mil visitantes. En 1962 el lugar fue convertido en Parque Histórico del Estado.


Kolmanskop: otra historia de fiebre minera, aunque con condimentos propios, en el sur de Namibia, sudoeste de Africa. Allí los alemanes descubrieron un gran yacimiento de diamantes y construyeron una ciudad de estilo alemán, con salón de baile, teatro y el primer sistema de tranvías del continente. Con el fin de la fiebre de diamantes, en la década del 50, las casas fueron abandonadas y ocupadas por las arenas del desierto. Los tours para visitarla parten de la cercana ciudad de Lüderitz.
Promesas del este

Hashima: era una más de las más de 500 islas frente a las costa deNagasaki, sur de Japón. Pero a comienzos del siglo XIX se encontró una gran veta de carbón, y el pequeño y rocoso arrecife se convirtió rápidamente en un complejo industrial con ciudad incluida. El fervor duró casi 90 años. Incluso se le ganó terreno al mar y se protegió a la isla de los tifones con un alto muro de hormigón. En la mina llegó a haber casi 6.000 trabajadores, muchos de los cuales vivían con sus familias, por lo que la densidad de población llegó a 3.460 habitantes por km2. Teatros, escuelas, cines, tiendas, restaurantes, peluquerías, salones de té, gimnasios, templos, de todo queda sólo la carcasa, porque la mina cerró en 1974. Se puede visitar con un permiso especial del gobierno.

Iultin: fue construida por prisioneros en la década de 1930, en uno de los sitios más inhóspitos que se puedan imaginar: en la región deChukotka Iultinskom, en el noreste de Rusia, cerca del Mar de Bering. La ciudad tomó su nombre de un monte cercano donde se descubrieron yacimientos de estaño, tungsteno y molibdeno. Llegó a tener miles de habitantes, y los últimos en retirarse lo hicieron en 1993. Hoy se puede deambular por sus calles asfaltadas y edificios casi intactos, aunque sólo en verano; en invierno, la ciudad y sus fantasmas yacen sepultados por la nieve.
De Italia a Chipre y el Caribe
Otros pueblos sufrieron alguna catástrofe -natural o provocada por el hombre- o amenaza, y también vivieron un éxodo que dejó intactas sus estructuras, pero vacías de vida.

Craco y Balestrino: son dos pueblos medievales de Italia detenidos en el tiempo. El antiguo Balestrino, pueblecito de arquitectura medieval ubicado en la cima de una colina de la provincia de Savona, fue abandonado por la inestabilidad geológica de la zona. En 1887, un terremoto destruyó algunas construcciones y asustó a muchos habitantes. Los últimos se fueron en 1953.

Pripyat: es la ciudad de Ucrania que fue víctima del estallido de un reactor nuclear de la cercana planta de Chernobyl. Paradójicamente, los 50 mil habitantes de la ciudad estuvieron entre los últimos en enterarse del problema, y el domingo 27 de abril de 1986 fueron evacuados -les dijeron que era por tres días- en 2.700 autobuses, 15 barcos, dos trenes y 300 camiones, más los casi 9.000 que fueron en sus vehículos particulares.

Plymouth: en 1995, el volcán Soufriere Hills entró en erupción sin previo aviso, y todos los habitantes de la capital de la caribeña islaMontserrat -perteneciente al Reino Unido- huyeron hacia el norte. En dos días, los 13.000 habitantes de Montserrat fueron evacuados. Luego unos pocos regresaron, pero no a Plymouth, que se mantiene como testimonio del evento: calles cubiertas de lava solidificada, casas e iglesias semienterradas o cubiertas por cenizas.

Varosha:desde hace 40 años, altas rejas impiden el paso al que una vez fue el principal centro de veraneo de Chipre, con bellas playas de arena sobre el mar Mediterráneo. Desde fines de los 60, esta playa de la ciudad de Famagusta se convirtió en uno de los destinos de verano más famosos del mundo, recibía a celebridades como Elizabeth Taylor, Richard Burton o Brigitte Bardot, y sus grandes hoteles y edificios de departamentos estaban siempre a pleno. Pero luego fue víctima de uno de los capítulos más increíbles de la disputa por Chipre entre Grecia y Turquía: en agosto de 1974 todo el norte de Chipre, Varosha incluida, fue ocupado por tropas turcas, y más de 45.000 greco-chipriotas huyeron. Hasta hoy, sólo personal autorizado puede traspasar las defensas, y la ciudad se derrumba inevitablemente.

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