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martes, 20 de octubre de 2015

Estocolmo, ciudad de mente abierta y muy romántica

La capital del Reino de Suecia, es descrita a menudo como la ciudad más hermosa del mundo, nada más y nada menos. Su belleza tiene, evidentemente, mucho que ver con su fascinante arquitectura de todas las épocas y su rica herencia cultural de casi ocho siglos.


Pero Estocolmo le debe su seductora hermosura sobre todo a su particular localización junto a la desembocadura del lago Mälaren, en el increíble archipiélago de Estocolmo, de más de 30.000 islas, islotes y cayos, que tiene a la capital real como centro neurálgico.
La propia ciudad está construida sobre catorce islas que tienen, cada una, su propio carácter y ambiente distintivo. El corazón de la ciudad es Gamla Stan, el casco medieval más grande y mejor conservado de toda Europa, cuyos orígenes se remontan al siglo XII y que se encuentra junto a Riddalholmen.
Este barrio de piedra de los siglos XVII, XVIII y XIX se dispersa desde la orilla hacia los distritos de Södermalm, Norrmalm, Östermalm y Kungsholmen, que se reflejan todos en el agua que rodea y atraviesa la ciudad en todas las direcciones.
La geografía y topografía de la ciudad hacen de Estocolmo una fantástica urbe para pasear, a pie o en bicicleta. Se podría pasear durante horas y días, aunque sólo fuera por los diferentes paseos marítimos, para descubrir continuamente nuevas vistas increíbles. Una manera muy especial de ver la ciudad de las 14 islas es desde el agua, a bordo de alguno de los barcos turísticos que parten desde el corazón de la ciudad.
Hay pocas capitales en el mundo en las que la naturaleza invada el corazón de la ciudad como lo hace Estocolmo“, afirma Tyler Brulé, fundador de la revista turística  canadienseMonocle. “Desde el terreno escabroso que hay en diferentes lugares hasta el puerto natural que añade una capa de calma a la ciudad, siempre hay cosas de las que se puede disfrutar en Estocolmo. Aunque la mejor época sea el verano, también es muy especial vivirla cuando la luz del día se extingue y la ciudad se ilumina por el acogedor brillo de la luz de las velas“.
La ciudad inició un proyecto de accesibilidad, que está procurando activamente hacer las vías públicas accesibles y fácilmente transitables para las personas con motricidad disminuida. El fácil acceso a los lugares públicos es parte del proyecto, lo mismo que la colaboración con la empresa de transportes urbanos de Estocolmo, “SL”, que se encarga de hacer más accesible el transporte colectivo.
Ciudad de mentalidad abierta, Estocolmo ofrece, además, una accesibilidad que se puede encontrar en pocos lugares, y en los últimos años ha estado promocionando el “turismo gay”, impulsada por la imagen de Suecia como uno de los países más liberales y tolerantes del mundo.
Estocolmo no tiene ningún distrito exclusivamente gay. En su lugar, hay cafeterías, bares, tiendas, discotecas y otros establecimientos esparcidos por toda la ciudad y dirigidos especialmente a homosexuales o transexuales. Una parte importante de estos locales se encuentra en los barrios de Södermalm, el pintoresco casco medieval de Gamla Stan (donde hay un bar muy clásico con diferentes temáticas todos los días de la semana) y Riddarholmen (que tiene un gran número de bares y discotecas).
La capital sueca es también un destino ideal para ir de compras, porque aún se pueden encontrar cosas típicas suecas que no se pueden encontrar en otros lugares. La ciudad es reconocida internacionalmente como uno de los mayores centros de diseño, que constituye la parte más atractiva de la oferta comercial.
El mundialmente famoso cristal sueco de Orrefors, Kosta Boda y otras marcas famosas, los muebles y los objetos de decoración de empresas antiguas y modernas como Svenskt Tenn,Carl MalmstenAsplund y Norrgavel; artesanías y orfebrerías, vintage, juguetes, ropa infantil… Y un dato para tener en cuenta es que Estocolmo y las otras grandes ciudades suecas son, hoy en día, bastante más baratas que Londres, París o Nueva York.
Para los amantes de la historia, la cultura y la estética, Estocolmo es una “mina de oro”. SuPalacio Real, localizado en el casco antiguo de Gamla Stan no tiene comparación en el Norte de Europa y es uno de los castillos más grandes y dinámicos del mundo. Un sólo día no alcanza para visitarlo.
El palacio, sede oficial de la monarquía sueca, es una opulenta residencia de barroco romano, que se empezó a construir a principios del siglo XVIII bajo el liderazgo del arquitecto de la Corte, Nicodemus Tessin, y se edificó después de que  el castillo original fuera consumido por un incendio, en 1697.
El actual castillo, que cuenta con varios museos, exposiciones y atracciones, fue el punto de partida para el excepcional desarrollo del arte y la artesanía sueca durante el siglo XVIII. La Real Armería es uno de los museos más antiguos del mundo (fundado en 1633) y muestra una extraordinaria colección de vestidos reales y armamentos.
Aquel viajero que visita Estocolmo en plan romántico, no sufrirá ninguna decepción. Es difícil imaginarse un paseo más romántico como el que se puede realizar en una cálida noche de verano junto a los muelles, por el paseo marítimo de Srandvägen, Nybroviken y Blasieholmskajen, donde todas las islas de la ciudad muestran variadas vistas a los barcos blancos navegando hacia el archipiélago mientras en el aire resuena el popular refrán sueco: “Despacio caminaremos a través de la ciudad” (“Sakta vi ga genom stan”).

Destinos recomendados en Estocolmo
Estocolmo desde el agua. Una ciudad construida en catorce islas ofrece, por supuesto, incontables vistas del agua. Hay muchos y diversos paseos por hacer junto a las aguas de Estocolmo, siempre cambiantes. Tampoco se puede perder la oportunidad de ver toda la ciudad desde el agua en una visita en barco.
Vasamuseet (Museo Vasa). Una atracción de cinco estrellas en el parque Kungliga Djurgården. Vasa, un buque de guerra de 69 metros, se hundió durante su primer viaje en medio de Estocolmo en 1628 y fue rescatado en 1961 para ser restaurado con cariño y minuciosidad durante prácticamente medio siglo, hasta casi volver a su forma original.
Moderna Museet (El museo Moderno). Uno de los museos más avanzados en cuanto a arte internacional de los siglos XX y XXI se refiere, situado en la bonita isla de Skeppsholmen. Preserva una fantástica colección de obras suecas e internacionales del último siglo. Además, tiene un selecto programa de impresionantes colecciones temporales, una tienda bien surtida y un estupendo restaurante con vistas a Djurgården y Strandvägen.
Skansen. El museo al aire libre más antiguo y más bello del mundo, en Kungliga Djurgården. Es un sitio perfecto para todos los públicos y, en especial, para los más pequeños. Aquí visitará la Suecia histórica en miniatura, acompañado de animales nórdicos como alces, osos, lobos, linces suecos, zorros y focas. En Skansen también hay muchos restaurantes y atracciones, un invernadero y una jaula con monos. Skansen es un lugar muy especial en diciembre, gracias a su típico mercadillo navideño y los históricos bufés navideños (julbord).
Millesgården. Parque de esculturas con museo excepcionalmente hermoso en la isla de Lidingö, con unas vistas de Estocolmo y su puerto que quitan el aliento. Edificado bajo la supervisión de Carl Milles.
Fotografiska (museo de fotografía). Un ambicioso museo, al más alto nivel internacional, situado en un antiguo almacén portuario bellamente decorado, que dispone de una cafetería muy agradable y una librería bien surtida. Su horario es muy amplio y acoge exposiciones temporales de los fotógrafos internacionales más importantes.













Más información

Vilna, un tesoro báltico

Al contrario de los distritos históricos de sus hermanas bálticas Tallin y Riga, que a menudo parecen dominio exclusivo de turistas y puestos de recuerdos kitsch, el casco antiguo barroco de Vilna, capital de Lituania, atrae a sus sinuosos callejones tanto a residentes locales como a visitantes. Con calles flanqueadas por tiendas de Burberry y Max Mara, así como boutiques de diseñadores lituanos, el encantador laberinto de ese centro del siglo XIII fluye hacia los bulevares más nuevos y sigue siendo una parte profundamente integrada del tejido local.


Por Sarah Khan (The New York Times / Travel) 
Fotos: The New York Times/Cedoc Perfil

Gran parte de Vilna conserva su cruda extensión de la era soviética, la cual se recorre durante el viaje de diez minutos desde el aeropuerto, pero es una ciudad en transición. Ahora que el país adoptó el euro, espere que este destino, a menudo pregonado como uno de los más baratos de Europa, se vuelva aún más asequible para los viajeros. Un recorrido pausado por las serpenteantes calles del casco antiguo es obligatorio para aclimatarse a la fusión de influencias arquitectónicas, que van desde lo majestuoso hasta lo digno del Sombrero Loco.
Empiece por las Puertas del Amanecer del siglo XVI, el único remanente de la muralla defensiva original de la ciudad -verá un flujo constante de peregrinos religiosos que se dirigen hacia la capilla erigida en su interior-. Siga hacia el Norte sobre Ausros Vartu Gatve con dirección a la plaza principal, flanqueada por el neoclásico ayuntamiento y la iglesia de San Casimiro, de estilo barroco que, construida originalmente en el siglo XVII como iglesia católica, poco después se convirtió en ortodoxa rusa y durante la ocupación soviética fue un museo del ateísmo.
Pase frente a la Universidad de Vilna, del año 1579 (visitas guiadas: 1,50 euros) y desvíese hacia el río Vilna para mirar los capiteles góticos de la Iglesia de Santa Ana, erigida para la esposa de Vitautas el Grande, uno de los gobernantes más poderosos del país. Termine su caminata en la plaza Catedral, que alberga la principal catedral católica del país y es popular para un lugar tranquilo para contemplar la puesta del sol sobre los techos rojos del casco antiguo.
Los tradicionales hojaldes kibinai son la respuesta lituana a la empanada argentina o la samosa india, y van rellenos de carne, papas o jamón. “Pinavija”, un salón de té y panadería repleto de tapices florales y tonos pastel que combinan con las golosinas en exhibición, sirve los mejores kibinai de Vilna. Para desayunar, acompañe con un kibinai de frambuesa espolvoreado con azúcar y siéntese bajo el toldo a rayas del patio.
Las ocupaciones soviética y nazi del siglo XX fueron brutales: más del 90% de la población judía del país fue diezmada por la Gestapo entre 1941 y 1944, y más de 250 mil lituanos, principalmente académicos e intelectuales, fueron enviados a gulags siberianos o enfrentaron deportaciones forzadas por los comunistas. El Museo de las Víctimas del Genocidio (en un ex cuartel general de la KGB) ahonda profundamente en ese período sombrío con exhibiciones dedicadas a la deportación, la resistencia civil y las técnicas de espionaje soviéticas. En el lúgubre sótano se ven las antiguas celdas, actualmente ocupadas por la documentación anterior a la independencia de 1991.
Una caminata sobre un puente cargado de candados lo lleva a Uzupis, una supuesta “república” de artistas que se autodeclaró independiente en 1997. En estos días, el peculiar enclave afirma tener su propio primer ministro, presidente, embajadores y una constitución traducida a 15 idiomas en placas sobre una pared: “Todos tiene el derecho a morir, pero no es una obligación”, dice un mandamiento. Vale la pena pasar un poco de tiempo mirando el canzado conceptual de Vejas Gluosniuose, recorrer tiendas y galerías y tomar un trago en el “parlamento” de la república, el bar ribereño “Uzupio Kavine”.
La vida nocturna de Vilna se centra en las calles Vokieciu, Vilniaus e Islandijos. Los bálticos son famosos por su ámbar, y puede comprar un elegante collar de esa piedra por 54 euros. También reserve un tiempo para recorrer Literatu Gatve, la calle literaria de Vilna. La galería al aire libre fue concebida en el año 2008 como un tributo a los mejores escritores del país, celebrando a personajes como Romain Gary, Rimas Burokas y Arvydas Ambrasas a través de pinturas, esculturas e instalaciones realizadas con técnicas mixtas. Inspeccione las más de cien obras de arte y tome nota sobre los próximos autores que quizá quiera leer.










viernes, 9 de octubre de 2015

Una encantadora aldea china, elegida el mejor destino para visitar

El sitio web especializado en viajes Trivago publicó por tercer año consecutivo el «Best Value City Index», un ranking de los 100 destinos del mundo más recomendables para viajar en 2016, en el que figuran ciudades y rincones de los cinco continentes. Entre ellas dos ciudades argentinas: Córdoba (puesto 69) y Salta (puesto 88).


El mejor destino para viajar en 2016 es, según Trivago, Fenghuang, una pequeña ciudad antigua de casas de madera situada a orillas del río Tuojiang, en la provincia china de Hunan. Alabada como “la ciudad más bonita de China” por el famoso escritor neozelandés Rewi Alley, es una pequeña aldea conocida por su belleza natural, ricas historia y cultura.
Pasear por Fenghuang es retroceder en el tiempo. Y es que algunos de sus casas de madera, callecitas y puentes, perfectamente conservados, reflejan la belleza de las construcciones de las dinastías Ming y Qing. Alojarse una noche en Fenghuang cuesta una media de 38 euros por noche en habitación doble, informa Trivago.
Los turistas también pueden tomar un bote de remos para pasear la comarca y disfrutar de la belleza natural. Las únicas casas de madera construidas sobre pilotes se encuentran a lo largo de la orilla del río. Este tipo de casa se llama Diaojiaolou (en chino “construcción con piernas colgadas”). El diseño mantiene los edificios a salvo de las inundaciones de primavera.
Después de Fenghuang, el top 10 del ranking elaborado por Trivago menciona a las ciudades de Mostar (Bosnia-Herzegovina), Veliko Tarnovo (Bulgaria), Novi Sad (Sebia), Pingyao (China), Sibiu (Rumania), Súzdal (Rusia), Pécs (Hungría), Wayanad (India) y Dali (China).
En la elaboración del listado, el sitio comparador de precios tuvo en cuenta la reputación on line de la oferta hotelera del destino, las atracciones turísticas y los precios medios más económicos. Los resultados descubren ciudades desconocidas para el gran público, aunque reconocidas en la mayoría de los casos por su patrimonio cultural; ideas que pueden ser útiles a la hora de organizar futuros viajes.

jueves, 8 de octubre de 2015

Singulares y encantadores, los mejores destinos para visitar en 2016

Por tercer año consecutivo, Trivago -comparador de precios de hoteles online- dio a conocer el Best Value City Index, un ranking con los 100 destinos del mundo más recomendables para viajar en 2016. Dentro de la lista hay ciudades y pequeños tesoros de los cinco continentes. Para elaborar este listado, Trivago se basó en la reputación online de la oferta hotelera del destino, las atracciones turísticas y los precios medios más económicos. Los resultados descubren ciudades desconocidas para el gran público, aunque reconocidas en la mayoría de los casos por su patrimonio cultural.



Aquí ofrecemos los 10 principales destinos mundiales, un top ten, hay que decirlo, ocupado por lugares de Asia y de Europa del Este. También se suman los mejores de África, América del Norte, América del Sur y Oceanía.

1. Fenghuang (China). El mejor destino para viajar en 2016 es esta pequeña ciudad antigua, de casas de madera, a orillas del río Tuojiang y en la provincia china de Hunan. La localidad, considerada una de las más bonitas del país, es Patrimonio de la Humanidad. Pasear por Fenghuang es retroceder en el tiempo. Algunos de sus edificios y calles, perfectamente conservados, reflejan la belleza de las construcciones de las dinastías Ming y Qing. Para los visitantes hay numerosos establecimientos que brindan alojamiento, restaurantes para comer y barcas que ofrecen paseos para contemplar la belleza del lugar sin prisa.


2. Mostar (Bosnia-Herzegovina). La imagen más común y emblema de Mostar es el Puente Viejo -Stari Most-, una construcción que atraviesa el río Neretva, cuya belleza, historia y simbología atrae a turistas de todo el mundo. El viaducto, que fue destruido en 1993 durante la guerra de la ex Yugoslavia y reconstruido once años más tarde, ofrece una imagen espectacular de la que fue en su día una ciudad cosmopolita del imperio Otomano. Junto al puente, el barrio antiguo se extiende formando un entramado de calles medievales, con sus mezquitas, sus edificios históricos y puestos de artesanía, en los que es posible degustar cevapi -especialidad elaborada con carne picada, pan y cebolla- o alguno de los deliciosos dulces típicos. Aunque si uno se aleja del centro descubrirá que la huella de la guerra todavía está presente en fachadas y construcciones destruidas.


3. Veliko Tarnovo (Bulgaria). Ubicada a menos de tres horas de Sofía, es el centro cultural del norte del país y conserva numerosas construcciones de su época de esplendor, como la ciudadela de Tsarevets -y su fortaleza- que domina toda la ciudad desde lo alto de una colina, ofreciendo espectaculares vistas de la antigua capital y del río Yantra.


Imprescindible visitar el barrio de Asenova, una zona repleta de encanto e historia, sus iglesias, sus cúpulas de bronce y miradores, su puente de madera y, por supuesto, su viejo bazar.

4. Novi Sad (Serbia). Allí se celebra el Exit Festival, cita musical veraniega que en 2013 fue designada Mejor Festival Europeo. La ciudad, a un centenar de kilómetros de la capital serbia, tiene en el Danubio y la fortaleza de Petrovaradin sus principales señas de identidad. Novi Sad cuenta con un atractivo centro histórico de edificios nobles, como el ayuntamiento o las dos catedrales -la católica y la ortodoxa- y calles de ambiente bohemio repletas de librerías, cafés y restaurantes en los que probar alguno de los suculentos platos de la gastronomía serbia.


5. Pingyao (China). Es una ciudad amurallada medieval situada a medio camino entre Beijing y Xian. Perfectamente conservada, sus casas de piedra, sus calles y la espectacular muralla de seis kilómetros que la rodea permiten revivir cómo era esta próspera urbe china, que en su día fue un importante centro financiero.


El quinto mejor destino para viajar en 2016 sorprende por su exquisitez. Además de la muralla, el viajero puede recorrer sus calles -la más emblemática es Nan Dajie- y visitar tesoros como la Casa de la Familia Qiao, los templos de Zhengou y Shuanglin, o el Banco Rishengchang. Cuando cae la noche, los farolitos rojos iluminan la ciudad, ofreciendo una imagen íntima y a la vez espectacular.

6. Sibiu (Rumania). A pesar de encontrarse en la región rumana de Transilvania, cuando uno viaja a Sibiu tiene la sensación de estar en Alemania. Y es que esta ciudad medieval perfectamente conservada -el centro histórico es Patrimonio de la Humanidad- mantiene todavía visibles sus raíces germánicas.


En Sibu se distingue la ciudad alta, donde se encuentra la mayor parte de sitios de interés histórico, y la ciudad baja, de calles empedradas y edificios de colores con originales ventanas en los tejados. La plaza del Reloj -o Gran plaza-, donde está la Torre del Reloj o el Museo de Arte Samuel de Bruckenthal, en el que se expone pintura universal de primera línea, y la plaza Pequeña, con su iglesia católica barroca, son escenarios imprescindibles al visitar la localidad. 

7. Súzdal (Rusia). A poco más de 200 kilómetros de Moscú, Súzdal es una pequeña localidad fundada en el siglo XI de algo más de 11.000 habitantes conocida entre otros motivos por sus paisajes y sus numerosas cúpulas de colores. Algunos de sus monumentos -la fortaleza, el monasterio del Salvador y San Eutimio y la iglesia de los Santos Borís y Gleb-, junto con los de la vecina localidad de Vladímir, están catalogados como Patrimonio de la Humanidad.


Los visitantes deben aprovechar la ocasión para probar los famosos baños de vapor, comprar artesanía típica y probar alguna de las especialidades gastronómicas de la zona, como el shchi, una típica sopa rusa, o la kvas, una bebida alcohólica de baja graduación.

8. Pécs (Hungría). Hermosa y culta, esta ciudad húngara está a 200 kilómetros de la capital. La urbe fue Capital Cultural de Europa en 2010 y puede presumir de tener una de las universidades más antiguas del continente, creada en 1367. Pasear por las calles y plazas de Pécs es un placer.


Imperdibles: las construcciones sobre todo barrocas y neoclásicas de tonos mostaza; sus edificios emblemáticos como la antigua mezquita de Gazi Kaszim (hoy convertida en iglesia); la necrópolis paleocristiana, la antigua fortaleza, desde la que se puede disfrutar de vistas extraordinarias, los teatros, los numerosos cafés y la afamada fábrica de cerámica.

9. Wayanad (India). Es una de las regiones más bonitas del estado de Kerala, en los Ghats Occidentales -conocidos también como las montañas Sahyadri-, una cordillera del sudoeste de India. La zona es una reserva natural de vegetación exuberante muy bien conservada que posee una biodiversidad espectacular en la que se encuentran tigres, monos, elefantes, numerosas y diversas especies de aves. Además de espectaculares safaris fotográficos, quienes visiten Wayanad descubrirán grabados prehistóricos que datan del Neolítico, extensas plantaciones de especias y bosques frondosos.  


10. Dali (China). En la provincia de Yunnan, a algo más de 300 kilómetros de la capital Kunming, este pueblo es una de las perlas del sur de China. Y es que Dali es un pequeño paraíso bañado por las aguas del lago Erhai, muy frecuentado por los turistas locales, en el que perderse se convierte en una auténtica delicia. Entre sus tesoros se destaca un casco antiguo de calles empedradas y casas bajas rodeado de una muralla con cuatro grandes puertas y, sobre todo, uno de sus templos: el de Chongsheng -conocido como el templo de las tres pagodas-, una espectacular construcción del siglo IX.


Mejor destino de Africa: Uarzazat (Marruecos). En el sur de Maruecos, a las puertas del desierto del Sahara, Uarzazat -el mejor destino de África de 2016 según Trivago-, se erige como un enclave privilegiado ideal para descubrir la espectacular ruta de las kasbas, un circuito por las alcazabas de adobe. A unos 30 kilómetros de la localidad, encontramos la alcazaba de Ait Ben Haddou, parada obligada para quienes visitan el sur del Atlas y escenario de películas como Lawrence de Arabia, Gladiator o Los Diez Mandamientos.


Mejor destino de América del Norte: Niagara on the Lake (Canadá). La mayoría de los turistas coinciden en calificar este pequeño pueblo del sudeste de Canadá, allí donde se encuentran el río Niágara y el lago Ontario, de sorprendente. Y es que al entrar en la población, que en su día fue capital de la colonia inglesa, uno cree encontrarse en plena campiña británica, con edificios del siglo XVIII en perfecto estado de conservación, tiendas originales y una decoración de aire europeo. Otra de las sorpresas que depara el lugar es su nombre: Niagara on the Lake, adoptado en 1880 para diferenciarse de las cataratas, que se encuentran a algo más de una veintena de kilómetros. Una interesante gastronomía y sus originales vinos completan la oferta de calidad.


Mejor destino de Sudamérica: Arequipa (Perú). Una hermosa ciudad colonial de calles pintorescas convertida en la segunda urbe más poblada de Perú y en la capital económica del sur del país. A 2.325 metros de altura, en las montañas del desierto de los Andes, es conocida con el sobrenombre de la Ciudad Blanca, por sus construcciones en piedra volcánica de este color. Cuenta con un interesante casco antiguo con una plaza de Armas espectacular y numerosos edificios históricos como la catedral de San Francisco o la iglesia de Santa Catalina.


Mejor destino de Oceanía: Nelson (Nueva Zelanda). En el extremo noroeste de la isla Sur de Nueva Zelanda encontramos esta pequeña ciudad en la costa de la bahía de Tasman con un importante puerto. Pasear por sus calles permite descubrir numerosos edificios históricos, como la catedral, atractivos cafés, tiendas y galerías de arte. Está considerada una de las localidades más soleadas del país, por lo que la oferta de actividades náuticas y de aventura es considerable. La región de Nelson, además, cuenta con tres parques nacionales: el de Kaburangi, el de Nelson Lake y el de Abel Tasman: naturaleza en estado puro cerca de la ciudad.


La majestuosa Opera Garnier de París

Situada en el Palacio Garnier, la Ópera Garnier es un imponente edificio neobarroco que, junto con la Ópera de la Bastilla, conforma la Ópera Nacional de París. Se trata del lugar que inspiró la conocida obraEl Fantasma de la Ópera.

Obra maestra de la arquitectura teatral del siglo XIX, el Palais Garnier, construido por Charles Garnier e inaugurado en 1875, es la decimotercera sala de ópera de París, tras la fundación de esta institución por Luis XIV en 1669. Fotos: AFP

Tras la decisión de Napoleón III de crear un nuevo edificio para la ópera, se organizó un certamen en el que más de 170 arquitectos presentaron sus proyectos. Finalmente el joven arquitecto Charles Garnier fue el que logró llevar a cabo el diseño del edificio.
Antes de que el edificio fuera finalizado, Napoleón decidió que era necesario construir una avenida que uniera la ópera con el Palacio de las Tullerías, por lo que decenas de familias fueron expropiadas de sus casas para que su ambición se viera satisfecha. Paradójicamente el emperador nunca utilizó la avenida que había ordenado construir.
Los trabajos de construcción del edificio comenzaron en 1860, pero no se verían finalizados hasta 1875 debido a diversas complicaciones como la falta de estabilidad del terreno, la guerra de 1870 o la caída del régimen imperial.
Finalmente, después del elaborado trabajo realizado por 14 pintores y artesanos y 73 escultores, en 1875 tuvo lugar la inauguración del edificio, a la cual el propio arquitecto no fue invitado por haber tenido trato con Napoleón, por lo que tuvo que costearse una entrada y colocarse en un segundo plano.
Durante el recorrido por el Palacio Garnier es posible contemplar el lujo y la opulencia que rodeaba a las personas que acudían a la ópera, no sólo para disfrutar del espectáculo, sino para ver y ser vistos. Algunos de los puntos más llamativos del edificio son los “foyers”, vestíbulos en los que los espectadores paseaban durante los entreactos, los cuales están ricamente decorados con pan de oro y preciosos mosaicos.
La sala de espectáculos, decorada en tonos rojos y dorados, está iluminada por una enorme araña de cristal que ilumina el curioso techo que parece decorado por las extrañas pinturas realizadas por un niño pequeño.
Resulta llamativo el pequeño tamaño de la sala, que sólo cuenta con 1.900 asientos de terciopelo rojo, si lo comparamos con las vastas dimensiones del edificio, que ocupa11.000 metros cuadrados. Probablemente uno de los elementos más llamativos del edificio sea la gran escalera de mármol blanco con una balaustrada de mármol verde y rojo que une los dos niveles.














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