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domingo, 17 de marzo de 2013

Entre ciudades y mares de leyenda


En el sur de Italia, un recorrido por las bellas postales que ofrecen las regiones de Sicilia y Calabria. Playas, barrios medievales, yacimientos arqueológicos y el sabor tradicional de la cocina local.


De mármol y piedra, de culturas que la fueron formando como en capas, de sabores antiguos y modernos, Sicilia, en el sur de Italia, es una suma irresistible, una isla polifacética que se extiende entre mares de leyenda, como el Mediterráneo, el Tirreno y el Jónico y que, en muchas de sus ciudades, creció a la sombra del Etna, uno de los pocos volcanes en actividad del mundo. Sicilia es gótica, barroca, griega y romana. El paisaje puede ir desde los senderos lunares, cráteres y capas de lava que se forman a raíz del Etna hasta el verde intenso e interminable de los alrededores de Palermo, la ciudad más grande de Sicilia, que hoy vive los grandes contrastes, entre las joyas del pasado y las calles abigarradas, con los olores y perfumes de los productos que se exhiben en los mercados.
La ubicación de Palermo, junto al puerto de La Cala, la hacen tan europea como oriental. Las huellas de las diferentes conquistas siguen ahí: así coexisten San Giovanni degli Eremiti, una iglesia normanda pero de estilo islámico construida sobre los restos de una mezquita, con la Catedral, otra mezcla de estilos arquitectónicos. En la primera, los pasos islámicos por la isla se ven en las cúpulas, los arcos y las ventanas.
En la Catedral, del año 1400, están las tumbas de reyes sicilianos. El tema de las iglesias en Palermo es serio; son muchas. Antes de seguir, una vuelta por la piazza del Duomo. Las dos vías principales de la ciudad son Vittorio Emanuele y Via Maqueda, un punto que se conoce como Quatro Canti y parece una escenografía de fuentes que parecen antiguas bañeras, adornos, ventanas y estatuas. La ciudad está llena de palacios decorados que, en barrios medievales, conviven con edificios en ruinas. Y sin embargo, o quizá por eso, Palermo no pierde la seducción, como en la Vucciria, más parecido a un zoco árabe que a un mercado tradicional. Atraviesa el barrio Loggia, detrás de la vía Roma y los puestos de pescado, frutas y verduras y especies se mezclan con baratijas y trastos viejos.
A sólo 8 kilómetros de Palermo, la ciudadela del poder normando en Monreale es un complejo monástico fundado en 1174 por el rey Guillermo II. Si toda Sicilia es una exhibición de estilos y culturas, la catedral de Monreale parece ser la suma, con sus más de 6.000 metros cuadrados de mosaicos bizantinos, partes de decoración de origen árabe, columnas clásicas y otros elementos franceses. Difícil dejar pasar algo: desde los claustros hasta la tumba de Guillermo II, en mármol blanco, todo merece una mirada, especialmente el Cristo Pantocrátor, una gigantesca figura sobre fondo dorado.
En Agrigento, el Valle de los Templos es uno de los yacimientos arqueológicos mejor conservados del mundo, y el más impresionante de los conjuntos griegos fuera de Grecia. Todo fue parcialmente destruido (los templos son de alrededor del siglo V aC.) pero es posible deducir la ciudadela a partir de las columnas del Templo de Hefaistos, del Templo de la Concordia, de un marrón oxidado pero bien conservado, en parte, porque alrededor del año 400 dC. fue convertido en una iglesia. Son ruinas, pero son extraordinarias: el Templo de Hércules (sobre su base se levantan ocho de las 38 columnas originales) es el más antiguo de este valle que fue sitiado y saqueado por los cartagineses cuando vivían en la ciudadela unas 20.000 personas. En la ciudad, está el muy buen Museo Arqueológico Nacional. Por lo demás, la postal de Agrigento sólo se completa con el paisaje de almendros y los atardeceres en el Valle de los Templos.
Barroco siciliano


De Noto se dijo que es un jardín de piedra, la joya del barroco siciliano. Lo cierto es que la ciudad actual fue construida a raíz del terremoto que en 1693 se ensañó con Noto Antica, la ciudad medieval original que está a 12 kilómetros de la nueva, con calles paralelas intercaladas entre plazas que parecen grandes escenarios, con escalinatas, terrazas y desniveles. Iglesias, palacios y conventos se suman a las casonas de piedra y todo parece dorado bajo el sol. La nueva Noto es una obra de los arquitectos Rosario Gagliardi y Vincenzo Sinatra, un modelo de unidad de estilo. La calle principal de Noto es Vittorio Emanuele III y de todas las plazas, la 16 de Mayo, es una de las mejores: se construyó en torno de la escultura de Hércules, uno de los pocos monumentos que quedó a salvo del terremoto. Para quienes buscan detalles, la Catedral de Noto es uno de los objetivos.
Siracusa es otra de las ciudades de Sicilia que cuenta con un enorme patrimonio arqueológico. Basta con saber que fue la ciudad griega más poderosa entre los siglos III y V aC. Y para saber de su belleza, alcanza con ver una postal del puerto, con antiguas construcciones de color miel y terracota, lavados por el tiempo, y, tan cerca, el borde del mar Jónico sembrado de botes y barcazas. La península de Ortigia es el casco viejo de Siracusa, una suma de patios, callecitas y plazas escondidas, donde estuvo el núcleo original de la población de los corintios. Otros tópicos: la zona de Neápolis, con su parque arqueológico, y el espectacular teatro Greco, excavado en la montaña y las canteras de piedra (el Latomia del Paradiso, con la célebre Oreja de Dionisio).


Ragusa, Caltagirone, Cefalú, Segesta, Trapani, Messina. Cada ciudad, más pequeña o más grande, guarda para el viajero una naturaleza excesiva, junto a increíbles sitios arqueológicos. Por su historia y su cultura, Sicilia provoca el impacto de estar cerca de paisajes muy conocidos, y, al mismo tiempo, extraños.
La isla tiene un carácter tan personal como sus sabores: aceitunas rellenas, berenjenas a la parmesana, caponata, pani ca’meusa , pasta a la norma. Y los postres, inolvidables, que en Sicilia se corresponden con distintos momentos del día o de la noche: buccelatti, canoli, casatta...
Taormina es un balcón, una ventana al mar y al volcán Etna. Muchos sicilianos lo llaman “a muntagna” y pese a su constante actividad, no le tienen miedo. Por la noche, como un dibujo en la negrura, se puede ver un hilo de lava incandescente, que se estira hasta el mar. El teatro griego de Taormina, del siglo III aC., es el mejor de los miradores para ver cómo se unen el mar y el volcán. Hay que caminar esta ciudad, casi en línea recta por el corso Umberto I, donde las flores y la piedra conviven en armonía con los negocios de moda de las mejores (y más caras) marcas y la artesanía siciliana, como las preciosas carretas –un símbolo de la isla– y los pupis , marionetas con trajes de guerrero, ojos negros y bigotes. Así se atraviesan arcos, restos de palacios, balcones y fachadas de piedra, fuentes de las que mana agua y alegran la vida.
Catania es la segunda ciudad de la isla, después de Palermo. Fue reconstruida totalmente después del terremoto de 1693 y hoy despliega algunos de los edificios de lava barrocos más originales de Sicilia. Desde la Piazza del Duomo hay otra increíble postal del Etna. Allí está el símbolo de la ciudad, un elefante también de lava que lleva sobre el lomo un obelisco egipcio. Catania es puro bullicio y vida, tanto en los mercados, como en dos de sus calles principales: Via Etnea y Via Vittorio Emanuele II.
Calabria, mar y montaña
La región de Calabria, un paisaje que se puede describir como de “montañas entre mares”, formó parte, junto a Sicilia y Apulia de la Magna Grecia. Y entre dos costas de sueño, las de los mares Tirreno y Jónico, por lo que el listado de ruinas griegas, como Sybaris y Locri Epizeferi, es enorme. También, son preciosos los pueblos de montaña. Gerace, con una impresionante catedral de los tiempos normandos, y Stilo entre ellos. Los balnearios son otra tentación: Tropea y Le Castella son playas de arena blanca. En Calabria todo es el azul del mar y los blancos y marrones de las montañas. Desde las alturas se disfruta mejor de la perspectiva, de un paisaje raro y fascinante pese a cierta aspereza. Calabria es un territorio angosto, marcado por su historia. Está ubicada en el extremo sur de Italia: muchos dicen que son dos territorios que no son europeos, y puede que algo de ese dicho sea cierto.
Una de las ciudades más pintorescas y mejor conservadas es Tropea. Sobre el mar Tirreno, parece colgada de un acantilado frente a una enorme roca, Santa María dell’Isola, un antiguo santuario benedictino. La catedral, donde finaliza la via Roma, es de origen normando, aunque posteriormente se la reconstruyó en distintos períodos. Adentro está “Madonna di Romania”, una pintura anónima del siglo XIV. Un paseo por Tropea no puede presdincir de los palacetes Casa Trampo y el Palazzo Cesareo, con tallas y balcones. Abajo, en la playa y en el mar, vuelven a fundirse los colores de Calabria, que pueden disfrutarse desde alguno de los tantos restaurantes y cafés que se alinean en la costa.
En Cosenza, el centro histórico es atípico: calles empinadas y escalones empedrados, fachadas de colores ya lavados, calles estrechas en las que, si se mira hacia arriba, se ven sogas con ropa tendida: uno de los clásicos del sur de Italia. El Corso Mazzini es una zona peatonal, como casi todo el barrio antiguo, donde hacer compras. Renovada, hay tiendas de lujo y obras de arte al aire lbre.
Reggio Calabria, la capital de la provincia del mismo nombre, bañada por un mar manso, es otra de las sorpresas. Su costanera está llena de cafés, donde apurar un ristretto o una copa de vino espeso. En esta ciudad está el notable Museo Nacional de la Magna Grecia, con una buena colección de bronces, griegos y estatuas de guerreros rescatadas del mar.
Hay tanto para disfrutar en Calabria. Desde el tradicional helado detartuffo (trufa) negro hasta el centro histórico de Paola Marina, con sus casas de piedra del siglo XVIII. Desde el pueblo costero de Diamante, sobre el mar Tirreno y capital del peperoncino, hasta Pizzo, otra de las pequeñas ciudades de playa.

MINIGUIA
COMO LLEGAR. Con Alitalia a Roma y conexiones, pasajes desde 10.050 pesos, con impuestos (www.alitalia.com).

PAQUETES. La agencia Fratelli De Brasi ofrece un paquete de 14 noches: 7 noches/8 días en Calabria, hotel 3* sobre la playa, pensión completa con bebidas y excursiones. Y 7 noches/8 días en Sicilia, excursiones y pensión completa sin bebidas. Incluye aéreos, bus, guía de habla hispana y acompañante desde Bs.As. Salidas: 21/6 y 30/8/13. Consultas: Av. Centenario 2289 (Béccar), teléfono 4742-3636, fratellidebrasi@arnetbiz.com.ar

INFORMACION
www.regione.calabria.it
www.regione.sicilia.it
www.enit.it

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